CONTRA LOS TENTÁCULOS DE MI YO, VENTOSAS QUE HUYO Y DEJAN HUMEDALES
Desconozco el bastón
y la ventana que me hará ver.
Escribo sin escribir.
Vapor que se abre
y cierra al instante.
Acuden las pinches palabras,
no pienso. Son muchas.
Atrapo una
y las demás huyen
como renacuajos en charco.
Se agolpa una especie de calor
que no es y escribo.
Y no es que quiera
esta acritud de morondanga.
Nunca sabré lo reprofundo
y lo epidérmico.
Punto final,
y me doy por irme, tirar el lápiz.
No reviso, no corrijo,
mejor que la haga
y lo sepa Juan y la curandera.
En este frágil osario
de resonancias internas,
en esta jaula
limitada de piel
y perpetuas conjeturas,
crujen y susurran,
asoman el hocico y se ocultan,
borbollan, quieren brotar,
el páncreas, la hipófisis,
una vena adulterada,
un forúnculo en la nuca,
la inminencia majestuosa
y dominante del fuck cerebro
y ese revoltijo
blande expresiones,
clama y reclama,
y no puedo traducir
ese mi yo verdadero.
No estoy en mi naturaleza,
nada me autoriza a bucear
sino interesadamente,
por tanto, alquiler inválido,
no sé de ella,
no sé del pasado,
no sé de la vertebración terrestre,
si existe o la hicieron existir,
y si es medianamente
igualada a otras.
Mil conexiones, enredos,
potenciales situaciones
van y vienen,
no más de un minuto.
No sé qué hay
fuera de mí,
no sé de mi cara o espalda,
¿son esas transparencias figuradas
en un espejo que tal vez no lo sea?,
creo un escondrijo,
me refugio en sus engaños,
no me pertenece,
no tengo llaves
ni linterna.
Rigidez de músculos,
arrugas y grasas pobres.
No hay nada aquí,
nada en esta mesa sin patas
ni soportes.
Soplo o reino trucho
que se aja en letras y desiertos.
Estiro un brazo,
me froto la cabeza,
y allí, en lo invisible,
algunas pelusas flotan
en eso llamado aire,
éter, espacio, lo que mierda sea.
Y son cosas y no cosas
que chocan en el azar
como pretende y no pretende
el movimiento browniano,
y diría que una organizada
e irreal contingencia
penetra y pare un concepto,
ocurre.
¿Ocurre, ocurre no?
Y traición o reparo,
me aborda un golpe de cultura,
esa carga infame y exterior.
Qué esto, qué aquello,
qué las dimensiones,
qué las leyes y decretos físicos
y patafísicos, viva Alfred Jarry,
qué el teorema
y el guano del átomo y el positrón.
Y las palabras nada significan,
las escribo a leguas de lo que quiero
y quiero de ellas.
Y me revuelco
para leer a Misterix
como si fuera un Infolio Sagrado.
- Inédito -
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