Los amores amarillos (1873)
POBRE MUCHACHO
La Bestia feroz
Le gustaba silbar cancioncillas muy suyas, siempre estaba a mis pies; le veía buscando sin jamás encontrar… Era sólo un borrico, tan heroico, incapaz de saber que me amaba.
Hice mil carambolas en su corazón fiero.
Él miraba… ¿De veras era aquello estropicio?
¡Oh, poeta, instrumento que no quiere sonar!
Aunque yo le arranqué, divertida, sonidos.
¿Qué ya ha muerto? ¡Pues vaya! Era un raro muchacho.
¿Se tomaba todo eso demasiado de veras
sin llegar a decírmelo? Si es que ha muerto, ¿de qué?
¿No habrá sido un derrame interior de poesía?
¿o se ha muerto de chic, de beber o de tisis?
O de nada tal vez…
si no ha muerto de mí.
DECLIVE
¡Qué admirable ese joven, siempre lleno de savia!
¡Con la vida violento, y tan dulce en su sueño!
La cabeza muy firme o muy bien recostada.
Olfateando el amor… tristemente vivido.
Claro está, no era nada. Sin rencor ahora ha visto cómo la buena suerte al final le sonríe; él no va sonreír; él no va a sonreír como antaño, pues sabe a qué precio se paga y qué con esas cosas.
Corazón barrigudo, dice ¿qué tal? en prosa.
Se cotiza muy bien… ese Dios, pues no es poco.
Se acabó andar desnudo, muerto de hambre, sin blanca.
En la gloria que lleva como un fúnebre abrigo, le reconoceréis, final, célebre, fútil,
a aquel desconocido le reconoceréis.
BUENAS NOCHES
Entonces vendrás tú, cotorra abobada, a extasiarte delante de ese espejo que tiene guiños de oro, reflejos de algún sol ya apagado.
Y verás una alhaja en los brillos de azogue.
Volverás a aquel hombre y a su imagen endeble sin ardor… Pero el día de su amor hecho fiebre tú no sentiste nada, aunque ahora, otoñal,
Vuelvas a ese destello vacilante que es suyo.
Èl ya no te conoce, sombra casi olvidada, tú, a quien él desnudó en su lecho celeste,
pero cuando era un dios… Y todo eso pasó.
Tú aún lo crees, pero él olvidó ese espejismo.
Lloras, pero en su pecho ya no llora el violín.
Y eran de otro sus versos; no llegó ni a leerlos.
HORAS
¡Una limosna para el malandrín que busca alguna presa, y mal de ojo para el ojo asesino! ¡Y un acero
contra el acero del espadachín!
-¡En estado de gracia no está mi alma!
Soy lo mismo que el loco de Pamplona, me da miedo la risa de la luna,
hipócrita, con su negro crespón.
¡Horror! ¿Nada se salva bajo un matacandelas?
Oigo como un ruido de matraca…
Es la hora funesta que me llama.
Es la noche que es pozo caen dos toques de ánimas.
Más de catorce horas he contado…
Y cada hora una lágrima… ¡Tú lloras, corazón! Canta de nuevo y no cuentes.
A MI PERRO POPE
Gentleman-dog from New Land (1), muerto de un tiro.
¡Oh tú, que no me sigues como un criado ni acaricias como una mujer pública!
Maestro de filosofía cínica:
no quieres que te traten como un perro, pues es muy natural, perro, haces bien.
Lo que quieres es ser tú mismo; no contar con escudilla ni con amo.
No andar jamás a cuatro patas, perro, es algo que tan sólo hacen los hombres.
Si hablamos del amor hay soluciones: violar perros… ¡Cuidado con la perra!
Muerde, perro, para que no te muerdan.
Llévate un bocado, ¡viva el perro!
Pero después no seas animal: si hay que pagar los platos rotos, paga…
Y planta cara al látigo, no huyas.
Pura es tu sangre y pura tu elegancia salvaje. Aullar, nadar lo haces muy bien.
¡Y si te hacen rabiar, entonces rabia!
Isla de Batz (2). Octubre
DESCORAZONADO
Fue un poeta de veras: no sabía cantar.
Muerto, amaba la luz, desdeñaba gemir.
Pintor que amaba su arte: se olvidó de pintar.
Demasiado veía, ver es una ceguera.
Se quedó el muy iluso de su sueño en el fondo; sin saber darle forma, como un globo que estalla, sin hurgar en las tripas para ver qué hay allí.
Buen galán de novela, la morena adoraba sin saber si era rubia. Adoraba la luna;
pero no amó jamás por falta de tiempo.
Sin descanso buscando: aquí donde se rema, los veía remar desde su alma altanera,
compasivo y cansado al ver buenos remeros.
¡Oh, minero de ideas! En su pálida frente se buscaba algún grano, o tal vez el problema que allí estaba doliéndole. ¿Por qué no hacer nada?
Y decía: La Musa es estéril, es hija del amor y del ocio, de la prostitución;
no queráis deformarla en un vientre fecundo del cual los garañones sacarán frutos nuevos.
Laboriosos, tenaces, albañiles de ideas.
Os ha hecho su antojo convertir en amantes.
Vanidad, vanidad… Tras la noche frenética,
presumís excesivos deslumbrando a parludos.
Ella sólo os rozaba como si ahogase a un gato, y exhibís satisfechos o su ala o su red,
poseyendo felices una pluma de ganso
o unos pelos que rascan en lugar de pincel.
Decía: Océano cándido, florecillas, ¿no somos lo que somos sin nada de pintor o poeta?
¿Qué vidriero ha pintado? ¿Y qué ciego cantó?
¿Qué vidriero ahora canta su paleta rascando?
¿O con su clarinete, algún ciego ha pintado?
¿Eso es arte…?
Aún puede en la Bestia Sublime perder su huero orgullo y su virginidad.
Mediterráneo
POETASTRO
¡Duérmete por amor, tú, que de nada sirves!
Entre las malas hierbas que te cubran un día para ti la cigarra va también a cantar
rebosando alegría con sus gráciles címbalos.
El rocío su llanto matinal verterá: y hasta el blanco mugete vas a usar como sábana…
¡Duérmete por amor, tú que de nada sirves!
Agolpadas las ráfagas pasarán lacrimosas…
Y la Desnarigada musa tuya vendrá y encontrará en tu negra boca cuando te bese
Esas rimas que aún tienen en su entraña los muertos.
¡Duérmete por amor, tú, que de nada sirves!
BAJO UN RETRATO DE CORBIERE EN COLORES, HECHO POR ÈL Y FECHADO EN 1868 (3)
Es un joven filósofo sin rumbo, de vuelta sin haber ido jamás, corazón inseguro de poeta:
¿por qué queréis que encima siga vivo?
¿El amor? Lo he soñado, el corazón
de par en par abierto
bate como un postigo siempre fuera de quicio.
Lo suelen habitar corrientes de aire frías y estrambóticas.
¿Quién va a querer entrar? De ser ELLA, yo no.
Échate aquí a sus pies, corazón mío, como pájaro que se da por muerto.
Y yo hubiera querido el sufrimiento y la muerte debida a una mujer, como abierto en canal para darle hecho fuego el corazón en llamas como un ponche, ardiente bajo el sol que también arde…
Entonces cantaría
(desafinando como es mi costumbre) e iría a echarme solo
en medio de la bruma turbulenta: la eternidad, la nada,
la muerte, quizá un sueño o despertar.
¡Ah, si me hubieran comprendido un poco!
Si compasiva una mujer me hubiese una media sonrisa dedicado;
yo entonces le diría:
Ven, ángel que consuelas.
… y la haría ingresar en la casa de locos.
¡Qué estropicio de vida, y qué incompleta!
¿No la entendéis? Miradme bien la cara, toda ella desigual,
o muy bueno o muy malo,
loco de atar, pero sin soportarme.
¡Si al menos fuera tonto!
Sí, la muerte, ya sé, una mujer bien frígida, en la vida es coqueta, luego pierde pasión.
Hay que estar tan tieso
para acostase con señora tal…
Para colmo la muerte es lo que no es, la negación de mí.
Me gustaría tanto ser un átomo que las masas celestes han perdido, un punto muerto como escurridura en medio de la noche del espacio.
¡Y no soy nada de eso!
O tal vez ser el perro de una que hace la calle, lamer algo de amor que no sea pagado; o una diosa salvaje en las costas del África, o bien loco de atar; loco y no sólo a medias.
PARÌS NOCTURNO
Es el mar… calma chicha. La marea se ha ido retirando, gruñía con voz ronca y lejana…
Volverá el oleaje revolcándose en ruido.
¡Cómo escarban la arena los cangrejos nocturnos!
Es la Estigia (4) ya seca. El trapero Diógenes (5), en la mano un farol, displicente va andando junto a las negras aguas, los poetas perversos pescan, y en la sesera también guardan lombrices (6).
Es el campo. Hay arpías en el cielo que espigan las impuras partículas, acechando a roedores, y el conejo que vaga por los altos tejados
nunca deja de huir del nocturno ladrón.
Es la muerte. Hay aquí policías. Sestea el amor más arriba, chupa carne de un brazo con la huella rojiza de los besos antiguos.
Hora sola. Escuchad, no se mueve ni un beso.
Es la vida. Escuchad canta la fuente la canción sempiterna en el pelo viscoso
de ese dios de las aguas (7), con el cuerpo desnudo y verdoso en la Morgue…
Y los ojos abiertos.
PARÌS DIURNO
Brilla el cobre rojizo de una bola en el cielo, cacerola gigante en la que cuece Dios
maná, sobras, eterno plato de cada día:
empapado en sudor y empapado en amor.
Los gandules en corro junto al fuego se agolpan, se oye cómo crepita carne echada a perder, y también los borrachos allí tienden sus jarras: y tirita el pobrete esperando su turno.
¿Crees que el sol fríe, pues, para todos los hombres esa espesa bazofia inundada por oro?
No nos cae del cielo ese caldo de perro.
Bajo el sol están ellos y yo bajo el canal.
Siempre en brumas, un sitio que se enfría sin luz.
Nuestra propia sustancia es la hiel que tenemos.
1. Debería decir New foundland, o sea, Terranova.
2. Poeta satírico latino.
3. Éste, corno todos los poemas que siguen, no se publicó en Los amores amarillos.
4. Río o laguna de los infiernos.
5. Filósofo griego que según la tradición buscaba “un hombre” con ayuda de una linterna.
6. La palabra francesa “ver” (lombriz, gusano) suena igual que “vers”, verso.
7. Neptuno.
Edición y traducción de CARLOS PUJOL
Los amores amarillos. Valencia. Editorial Pre-Textos. 2005. Págs. 72-73, 74-75, 76-77, 94-95, 98-99, 102-104, 161, 165-167, 175-176, 177-178.
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