domingo, 30 de agosto de 2026

Pablo Ananía (Rosario, 1942)

 

 

 

 

 

HÖLDERLIN

 

No floreció mucho tiempo
la tierna flor de la serenidad.
Una vez, solo una vez, solo
por un momento fugaz,
tuvo armonioso equilibrio
su poesía. Quien caminó
en las alturas, sabe. Quien
conoció a la sagrada criatura,
sabe. Sabe de la misteriosa
atracción del precipicio,
del relámpago que surge
cuando roto de odio
se sumerge en los vapores
del amor prohibido.
Tu Diótima, la Lidia
de Pessoa, la de las vacilantes
sílabas que cara a cara y sin rubor
pronunciara tu epitafio: materia
errante, cuerpo mío, cantante
enmudecido. Tu poesía es un himno
interrumpido. Ofrenda no. Dante
sobre tu hombro, riyéndose. ¿No
ves cómo se desmorona el oro
de tu nombre? ¿Ves que sos un montón
de escombros desolados sobre la cosa
intacta del poema? Cautivo
y solo en tu claustro, inmortal
entre muros, lleno de noche.
 

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