PARTE DIARIO
Estos papeles
estarán bajo escombros:
Ovidio, Dante, Rabelais,
Swift, Sor Juana Inés,
Bécquer,
el Tuco Sarratea,
el Gonococo Plateado,
ese opúsculo de García Moreno
sobre el Ecuador de 1860,
el Libro de Moroni
y los Protocolos de los Sabios de Sión,
la factura del gas y los impuestos,
los cuadernos con esa novela
que nunca salió del estante 2.
Un solo bramido
horrible de amígdalas,
un nocturno exterminador,
un diurno cuchillero,
un soberbio socarrón;
un sacudón eléctrico,
otro más potente,
y otro y otro y otro,
un rechinar de hormigones,
adobes, latas o quinchas,
un crujido de vidrios
que se parten en mil,
un desportillado de paredes
sismorresistentes
que se rajan en X,
una suspensión errática
del sentido común
y eso que llaman razón;
mareos, pies que tantean
un apoyo donde todo se mueve,
manos que atinan a nada,
y en ese pavor
corcovean más ondas
que ondulan la calle y los árboles
como una serpiente que repta
la desgracia;
y mientras el corazón
no cabe en la boca,
otro rizo puja,
torpedea y desmorona ladrillos y techos,
sabiamente debilitados
con los primeros choques.
cualquier cosa dura
que cae o salta puede ser un misil.
Y el sol
o el cielo estrellado
arriba,
y la vida, el descalabro,
las heridas y la muerte
son turbaciones
que se enfrentan
tan locas como patentes.
Y todo será distinto.
Y al costado de la puerta
que da a la calle
quedará el kit de emergencias,
agua, medicamentos, una linterna,
un cepillo dental
guacho y asustado.
Cosa natural y pendiente,
cita cotidiana de almanaque.
Tiembla hoy,
mañana igual,
la semana entrante,
el mes que viene,
el año bisiesto,
muchas veces
y siempre.
Y cuando lo reprofundo
se harta
tira todo al carajo.
- Inédito -
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