Ni la más justa
de las causas,
ni el adobe ventral
de comisariatos,
aduanas y registros,
ni la videncia o la ceguera,
ni las desventuras
o vinchucas
que matan a bebés
y madres canonizadas,
no toleran
la poesía piadosa
o la humillante aceptación
de la propaganda y sus grilletes,
y menos la turbiedad histórica
y sus pústulas adyacentes.
Horizonte y espejismos:
asteroides que se burlan
del planeta
y sus pretensas perfecciones.
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