
JUDAS
Se tensa en la cima del mundo
y acentúa la longitud de su cuerpo.
Tiene olor a otoño, a hojas quemadas,
y la mirada gitana de un cuervo
o quizás de los pájaros negros raros
de Stevens. Cae sobre mis espaldas
como una lluvia ligera, una brisa
o una pisada. No sabe si habrá otros
días, otro hombre. Tal vez ni siquiera
voces que le respondan con palabras.
¿Acaso maldice su destino? ¿Lo afecta
su mortalidad? Le puse varios nombres.
Lo llamé Góngora para mis adentros,
Mishu, Prometeo y también Iscariote,
no solo por su forma de zapallo.
¿Se entiende? El asiente y cumple
una orden que nadie le dio. Se fue.
No volví a verlo. ¿Quién, qué era?
¿Un anti yo? Negro y naranja
moteado. Saer dice en El Silenciero
que el gato fue intercesor del hombre
ante los dioses. Un facilitador
para que la chispa divina nos libere
de la prisión de la materia carnal.
No puedo asegurarlo. No volvi a verlo.
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