LA MUERTE DEL ESCLAVO
Por hambre y sed y hondo pavor rendido,
Del monte enmarañado en la espesura,
Cayó por fin entre la sombra oscura
El miserable siervo perseguido.
Aún escucha a lo lejos el ladrido
Del mastín, olfateando en la llanura,
Y hasta en los brazos de la muerte dura
Del estallante látigo el chasquido.
Mas de su cuerpo de la masa yerta
No se alzará mi voz conmovedora
Para decirle: —¡Lázaro, despierta!—
¡Atleta del dolor, descansa al cabo!
Que el que vive en la muerte nunca llora,
Y más vale morir que ser esclavo.
En: Virgilio López Lemus
Doscientos años de poesía cubana (1999)
Edición al cuidado de Alex Pausides y Jacqueline Teillagorry Criado
La Habana: Casa Editora Abril, 1999, p. 97
(Fuente: Óscar Limache)
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