Igual
que una cabeza
guillotinada
y puesta sobre
las rodillas de la historia.
Igual
que el teatro,
la violación en manada,
la discordia
del lenguaje cruzado
y trivial.
Igual
que los títulos,
las chapas de bronce,
los manuales,
la redención y las ortodoxias.
Igual
que las leyes,
el yunque
o Parménides,
y el suicidio
de Violeta del Ñuble,
en cuanto
Cicerón o Plutarco.
Igual
que lo despótico,
vernáculo y cortesano,
la ambigüedad
de la dimensión
y el ángulo,
siempre igual
a sí mismo.
Igual,
fuera del tiempo,
revuelto, alisado
y príncipe fénix,
imprecado, mórbido,
tolondro y asesino,
no el tácito Estado,
del nada hay que odiarle,
liana de Tarzán.
Igual
a nada,
poder,
delectado
entre la piedra
y el cambio de rostros.
- Inédito -
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