UNO CUALQUIERA
Uno cualquiera ha muerto
y la ciudad sigue viviendo.
Uno cualquiera está pálido y duro
en el marco de hierro de la puerta blindada del
National City Bank of New York.
Hiere los oídos el silbato policial,
y Eliphaz Polinsky,
hombre importante,
se abre paso entre el gentío.
Tiene la cara roja
como una fruta madura,
porque ha oído decir a grandes voces:
—¡Cayó! ¡Cayó! ¡Cayó!
—¡Dios mío! ¡Dios mío!
Bien conoces mi fe...
¡Soy católico, apostólico y romano!
Y si soy millonario, yo no tengo la culpa,
sino los puercos ateos que se dejaron robar.
¡Apiádate de mi dinero!
¡Maldito Roosevelt! ¡Cochina moratoria!
¡Cayó el National City Bank of New York!
Una fruta madura
revienta en la calle:
—¿Qué ha pasado?
—Nada, señor... es decir,
ha muerto de hambre
un ciudadano argentino.
¡Ah! ¡Pobre hombre!
Y Eliphaz Polinsky,
hombre importante,
se aleja satisfecho entre el gentío.
El aullido macabro de la ambulancia
puebla la calle de pájaros terroríficos.
20 hombres muertos (1933)
En: Tierra negra con alas. Antología de la poesía vanguardista latinoamericana (2019)
Edición de Juan Manuel Bonet y Juan Bonilla
Sevilla: Fundación José Manuel Lara, 2019, pp. 139-140
(Fuente: Óscar Limache)
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