Versiones de Ítaca
I
Si vas a Ítaca, viajero, no confieses habernos visto.
Encoge los hombros si te preguntan, y sigue bebiendo.
No menciones nuestras tumbas,
ni los perros que se disputaron nuestros huesos blancos,
perdidos entre las piedras.
No les hables de las batallas en que nos empeñamos,
que nada dicen allá,
ni los muros que asediamos, que nunca han visto.
No hables de sueños allí, donde los nuestros duermen.
Bebe y come lo tuyo, lo del día,
y sigue tu camino.
II
Si vas a Ítaca, caminante, no detengas tu paso.
No mires las vides secas, ni el ganado flaco.
Si te preguntan, diles a nuestras mujeres
que envejezcan.
Y a los viejos que ya no aguarden a sus hijos,
que se ahorren el aliento y la esperanza.
Si hay polvo en el camino, sacude tus sandalias y sigue.
III
Si llegas a Ítaca, viajero, habla con todos, lleva nuestras noticias.
Engrandece nuestras hazañas, encarece nuestro arrojo
en la adversidad
y nuestra generosidad en la fortuna.
Relata todas las batallas en que salimos victoriosos,
cuán alto llegamos, cuánta gloria obtuvimos.
Cuéntalas en la plaza pública, en las tabernas,
al amor del hogar de nuestros padres y esposas.
Pero cuídate de mencionar nuestras fincas, nuestros sembradíos,
del amoroso cuidado que brindamos a nuestros hijos,
lejos de Ítaca.
IV
Ah! pero si vas a Ítaca, forastero, por nosotros no preguntes,
no pidas que señalen nuestros hogares
perdidos, hundidas las vigas, podridas las puertas
abiertas a los vientos y la lluvia.
No inquieras por nuestros nombres, nuestro linaje olvidado.
Nuestros padres murieron, nuestro recuerdo
muere. Y lo que se dice de nosotros
es falso. Y lo que dices de nosotros
también.
Apura el paso, no te detengas
en la encrucijada de caminos
donde solo murmura el viento
palabras inaccesibles.
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