viernes, 14 de agosto de 2026

Sibilla Aleramo (Italia, 1876 - 1960)

 

 

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Soy tan buena 

 

Entiendo, acepto, no lloro.
Casi aprendo a tener orgullo
casi como si fuese un hombre.
Pero, al primer escalofrío morado del cielo
todos los diurnos apoyos desvanecen
 
Tú me suspiras desde lejos:
– ¡Tarde, tarde dulce y mía! –
Me parece tener entre los dedos
el cansancio de toda la tierra.
No soy nada más que mirada,
mirada perdida, y venas.
 
 

Ritmo 

 

Adolescencia reencontrada,
alegría del color,
ojos verdes de sol en el lecho,
inmenso turquesa astillado de las olas,
“rubitud” como rizos y riscos,
“roséa” alegría de tejados,
color, ritmo,
como una blanconegra golondrina
el alma te surca.
 
 

Rosas pisoteaba 

 

Rosas pisoteaba en su delirio
y el cuerpo blanco que amaba.
Con cada moretón más me postraba,
oh inútil sollozo de criatura.
 
Rosas pisoteaba,
caía el puño,
y locamente escupía
en la frente que adoraba.
 
Feroz era su mal,
y más que todo mi martirio.
Pero, ahora que he escapado,
que yo muera,
muera yo de su mismo mal.
 
 
 

Desnuda al sol 

 

Desnuda al sol
para ti que pintas inmóvil quedo,
el pecho solamente ritmando
la vida gallarda del corazón.
 
Como un cielo por el amanecer suave
es para ti esta forma mía brillante,
un prado un agua un solitario florecer de pétalos,
racimos de vid en fiesta.
 
Y adoras, y con fervor tus dulces dedos
guías sobre la tela.
Desnuda al sol y quieta,
fragmento de la naturaleza,
te miro suplicante y obrante.
 
Por ti invadida, por ti reabsorbida,
eres tú quien me diviniza
o mi divinidad es quien te crea,
¿artista, arte, espíritu?
En silencio el pecho respira.

 

(Fuente: Henderson Espinosa) 

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