DE LA EMBRIAGUEZ Y LA VEJEZ
Ya mi único pelo es el que brota
de las orejas y de las narices,
Mi rostro se asemeja a un pergamino.
Apenas veo.
Ya no escucho nada.
Me quedé sin dientes
Al andar me caigo.
Mi vida se acabó.
Me hundo en las penas.
Me cercan los deudores.
Perdí el sueño.
La tumba me contempla.
Como esta suerte
inexorable espera a los mortales,
no pensemos en ella:
bebamos vino.
.....
por José Emilio Pacheco
(Fuente: Daniel Freidemberg)
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