Testamento lírico
Si quisieran saber si pedí mucho O si nada pedí, en esta vida, Sepa, señor, que siempre me perdí En la niña que fui, tan confundida. De noche, oía voces y regresos. La noche a mí me hablaba siempre siempre De fábulas posibles y de hadas. El mundo en el balcón. El cielo abierto. Los castaños dorados y mi espanto Ante las charlas y las carcajadas. Yo era una criatura delirante. No supe defenderme de palabras. Ni supe hablar de ese dolor, la pena De no saber decir cosas amantes. Lo que vivía en mí, siempre callaba. No soy más que la infancia. Ni pretendo Ser otra, comedida. Ay, ¡si supieras! Haber optado por un mundo, éste Tener rituales, gestos y recuerdos. Vivir secretamente y en silencio. Seguir siendo la misma, esquiva y dócil Querer dejar un testamento lírico Y escuchar (pese a todo) entre paredes Un inquietante ruido de sonrisas Una boca de plumas, murmurante. No siempre habrá de hablarles un poeta. Y e incluso si mi voz no fuera oída Uno de ustedes cuidará (sin duda) A la niña que fui. Tan confundida.
Traducción de Ezequiel Zaidenwerg Dib

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