En todas las casas en las que no viví
pero hubiese querido vivir
había un patio y en el patio
una puertita de alambre
que se abría al más allá.
Todos sabemos a lo que me refiero.
Así entré yo en contacto
con el lenguaje argentino
de las cosas argentinas.
Árboles y pasto.
Un perro.
Dos nubes.
El tintineo de un tintín
promisorio en la cocina.
Todos sabemos a lo que me refiero.
La gente que habla
con ese lenguaje argentino
de las cosas argentinas.
En todas las casas.
Y es al día de hoy que no concibo
alegría más alegre
que la de despertarme a mitad de la noche
y pensar en esa puertita de alambre
mientras me voy quedando dormido.
(Fuente: En Amor Arte)
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