A cien años del nacimiento de Elmo Valencia (1926-2026)
Si la energía producida por Larisa
de los nadaístas en estos diez años
se hubiera depositado en una botella de coca-cola
serviría
para hacer mover una hidroeléctrica.
Esta disertación podría sostenerla
durante otros diez años a punta de risa.
Pero ya no para mover una hidroeléctrica,
sino para mover un diminuto grano de arena.
COROLARIO: Nunca muevas nada.
CONCLUSIÓN: Ninguna.
Nadaismo 70
7 POETAS NADAÍSTAS
PRÓLOGO
Estos poemas nadaístas son un encanto y un encarte. Porque usted, seguramente, no sabrá qué hacer con ellos después de leerlos: si tirarlos al fuego purificador o armar un collage colocando en el centro a Marilyn Monroe desnuda, ahora que está cumpliendo 50 años de haberse tragado esas malditas pastillas que la CIA le puso en su mesita de noche para que no siguiera hipnotizando, con su coño, al presidente del país más poderoso del mundo.
André Breton dijo en una ocasión en París: “Hay que hacer el amor, pero dormido, para que llegue el orgasmo en forma de poema”. El poema libera, expande los sentidos y nos conduce a un paraíso, donde la muerte danza y canta.
La cena está servida, solamente falta que lleguen los poetas para que tomen asiento y digan sus versos: Jotamario, Eduardo Escobar, Jaime Jaramillo Escobar y Elmo Valencia.
Los otros tres poetas: Gonzalo Arango, Amílcar Osorio y Darío Lemos no estarán presentes acompañándonos en esta maravillosa cena de poemas libres rociados de champaña, porque ellos desde hace algunos años están en sus tumbas, comiendo tierra y de la buena.
Pero nos enviaron sus poemas para la ocasión, y les estamos muy agradecidos. Elmo Valencia
Amémonos
Amémonos al pie de la letra de una canción de los Beatles
Al pie de un verso surrealista,
de un volcán eruptando chispas.
O de un reloj despertador.
Porque el polvo del amor tiene un sueño profundo.
Amémonos bajo la lluvia para ver en el agua
los gestos que harán nuestros rostros cuando lleguen los besos y el orgasmo.
Delante del lago de los sueños
donde vive tranquilo un cocodrilo de plata
para hablar con él y decirle
que nunca dejaremos de amarnos.
O detrás de una estatua
cagada por miles de pájaros.
Nos traerá buena suerte.
Amémonos como Diego Rivera amó a Frida Kahlo
y Neruda a su canción desesperada.
Desesperados estamos todos
porque no sabemos hacía donde nos lleva
este barco ebrio de Rimbaud.
Amémonos lejos del mundanal ruido
o cerca del aeropuerto para oír el rugir
de los motores de los aviones
cuando estemos unidos
con los cuerpos ardiendo.
En fin, amémonos hoy jueves
porque mañana lunes es imposible.
Concierto de rock en el Vaticano
Extraña mujer ha llegado a mi vida.
Tiene la nariz de Atenea esculpida por Fidias.
La mirada de Greta Garbo buscando amor
en el blanco telón de un cinematógrafo y canta
con la sensualidad de Madonna. Me dice:
Espérame, ya regreso,
debo dar un concierto de rock en el Vaticano.
Es verdad. Veo el concierto por televisión.
Las once mil vírgenes gritan histéricas
rompiendo sus vestiduras.
Esa extraña mujer se pasea por todas las habitaciones,
Desnuda. Fuma marihuana, desnuda.
Baila sobre mi libro preferido Histoire d´O, desnuda.
Cansada la acuesto y tengo que besarle las nalgas
para que se quede dormida.
Ella, en cambio, no besa, muerde.
Mi cuerpo está lleno de cicatrices.
Cuando me desea, no dice: Ven, penétrame.
Comienza a rugir como una leona en celo.
Antes de que saque las garras y me devore
me le monto encima.
Y así nos quedamos meses enteros haciendo el amor
hasta que el Papa la manda a llamar
para que dé otro concierto de rock en el Vaticano.
Poema para aumentar el poder de la libido
Hagamos el amor frente al espejo
donde la belleza se mira los senos.
El espejo, no dirá nada.
La Belleza, menos.
O hagámoslo frente a un cuadro de Goya.
Me gustaría La maja desnuda
por el brillo de su vello púbico.
Goya, no dirá nada. La Maja, menos.
Te imaginas nosotros haciendo el amor
frente a ese lienzo que en el mercado
tiene un valor de millones de dólares
según los mercaderes del arte?
Se me paran los pelos de punta de solo pensarlo!
Si un gato nos mira, hagámoslo.
Me gustaría que fuera el gato de Cleopatra
guardaba entre sus muslos.
Los gatos, tan tiernos, sobre todo
el gato de Cleopatra.
Hagámoslo frente al Ovni en que los marcianos
vinieron a la tierra para presenciar la resurrección de Cristo.
El Ovni, no dirá nada.
Los marcianos, menos.
Hagámoslo frente a cualquier cosa:
un televisor encendido,
un fetiche,
una concha marina,
un buque de guerra,
un canario,
un escaparate,
un fusil,
un coche deportivo,
o una araña peluda.
Menos frente al volcán Vesubio.
Como en los tiempos de Pompeya,
un río de lava podría nuevamente
cubrir nuestros cuerpos desnudos.
Locura poética
En algún lugar nos reunimos los poetas Allen Ginsberg, Rimbaud, el Conde de Lautréamont y Elmo.
Después del vino decidimos que cada uno de nosotros violara a una obra de arte.
El arte fue creado para torturarlo, herirlo de muerte.
Rimbaud viajó a Nueva York, se trepó a la Estatua de la Libertad y la penetró con un poema largo.
Entre los muslos la sonrisa de una gota de sangre.
¿Quedará embarazada la pálida doncella?
Su hijo será el nuevo Rey de Francia cuando la República la devoren los perros.
Ginsberg, comprensivo con su propia naturaleza, no quiso violar sino que lo violara el Coloso de Rodas.
El Coloso empujó su serpiente y la poesía tembló. La poesía siempre ha temblado cuando el sexo es doloroso.
Un pájaro que se dirigía a Sodoma encontró al poeta dando aullidos y pidiendo la presencia de la muerte.
Allen sigue encontrándose con Whitman en los supermercados y deseando a los hijos de los astronatuas.
El Conde de Lautréamont escogió la torre inclinada de Pisa.
Hizo con ella lo que quiso.
Hoy la torre está inclinada un grado más hacia los cuerpos que se juntan en moteles
y alcobas de sacerdotes de la divinidad.
Yo me decidí por La Gioconda.
¡Qué tela tan fina! Me costó trabajo poseerla pero cumplí con mi palabra de poeta y
esto me llena de orgullo.
Dicen los guardas de Louvre de París que todas las noches se escuchan los gritos de
La Gioconda pidiendo mi regreso
mientras Leonardo da Vinci se revuelca en su tumba de felicidad.
El brindis nadaísta
Una vez fundado el Nadaísmo
quemando los libros
que más nos habían torturado el cerebro,
¿qué nos faltaba hacer para celebrar nuestra osadía?
Embriagarnos con Ron Medellín Añejo
En el Café Metropol de Junín donde nos fiaban.
Pedimos una botella de vino para el brindis.
Gonzalo Arango, alzando la copa, dijo:
“Queremos quitarle a Cristo la máscara
con la que han ocultado
su rostro revolucionario.
Él, que no tiene Renault 4,
ni acciones en el Chase Manhattan Bank”.
Yo, alzando la mía, exclamé:
“Queremos, además, demostrar que dos más dos
no es igual a cuatro
sino a la velocidad de la luz multiplicada
por el número de dientes que tenía Eva
antes de comerse la manzana
y otras frutas prohibidas
como La Naranja Mecánica”.
Jotamario no alzó la copa,
pasó al baño a vomitar,
le salió una perla.
Cachifo dijo:
“Yo no hablo, soy más tímido
que un gonococo triste”.
Darío armó un bareto,
lo prendió,
lo absorbió,
levitó y le pasó la chicharra a Barquillo,
Barquillo a Baudelaire,
Baudelaire al Negro Billy
y el Negro Billy se la tragó.
Quedó tan iluminado que cambió de color.
Amílcar, poniéndose de pie,
exclamó:
“Voy a llorar”. Y lloró
durante cuatro horas consecutivas
secándose las lágrimas con un pañuelo
de André Breton.
Los senos de la Mona Lisa
Se abrió la chaquea Mona Lisa
para mostrarme los senos desnudos.
Fue en París, en el Louvre, febrero del 65.
Nieve en las calles y en los parques.
Venía yo de La Habana de conocer la revolución.
Al verme, frente a ella, solo,
se abrió la chaqueta para que supiera
que sus senos y la revolución cubana
tienen un mismo origen: el derecho a la vida.
Yo ya había acariciado los senos de la revolución,
erectos como dos fusiles.
Ahora solo faltaba, para sentirme poeta
en toda la plenitud de la palabra
acariciar los pechos de la bella Mona Lisa
que con tanto deseo me ofrecía.
Así que, aquel febrero del 65
en el Louvre, sin que nadie nos viera,
me acerqué a ellos, y los tuve en mi boca.
Poema-Pasaporte para viajar a “La Ciudad de los Gatos”
(Fragmento)
He vomitado todos los gatos. ¿Verdad Joyce? ¿Verdad Kafka?
A propósito, Joyce, ¿no es verdad que escribiste Finnegan´s Wake con la cola de un gato masoquista? En cuanto a Ulises creo que fue con las uñas. El último monólogo saca semen y sangre.
Hay gatos más hermosos que La Polonesa o el Guernica de Picasso.
Más importantes que el Rerum Novarum o la conferencia que sobre desarme nuclear habrá de sostenerse en Marte. Conste que ningún país latinoamericano ha sido invitado, no por falta de bombas, sino por falta de frac.
A Dalí no le voy a permitir la entrada a este poema-pasaporte hasta que no asesine un ángel por la espalda. Y ya es tiempo de que vayamos quemando ese Cristo que colgó en el Metropolitan Museum of Art para engañar millonarios.
Ni tampoco a Neruda, hasta que no deje de pertenecer al Partido Comunista. Es que no quiero que vaya a tener que suicidarse como Maiacovski. Tengo una carta donde Orozco, Niemeyer, Louis Aragon, André Bretón, Arthur Miller, Jacques Prévert, Auden, Spender, Kenneth Fearing, Muriel Rukeyser, Cardoza y Aragón y Zalamea me respaldan en este sentido. Una hermosa carta táctica, invisible. Me la trajo una paloma que llevaba las tripas afuera. Si las orugas y los conejos verdes pudieran escribir, también me enviarían un mensaje respaldando mi actitud.
También le voy a negar la entrada a Paul Claudel por su conversión al catolicismo. Estos poetas como que no se han dado cuenta de que lo que hay que hacer es renegar de todo. Del cielo y de la tierra, de los ataúdes y de las salas-cunas, del piojo y de Dante, de Goethe y de la diarrea.
En cuanto a Bertolt Brecht solamente me voy a permitir traducir del inglés (una lengua más horrorosa que la alemana que es su madre) los siguientes versos: “Yo, Bertolt Brecht, hago amistad con el pueblo. Y llevo sobre mi cabeza una corona de laureles como otros la llevan. Y digo: Qué animales tan despreciables. Y vuelvo y digo: No importa, yo también lo soy”.
Pero luego el poeta cambió de parecer y empezó a hacer un teatro, no ya para mis gatos, sino para ese pueblo estúpido sobre el cual hay que dejar caer todas las pirámides, todos los trastos viejos, todos los tarros de basura, los elefantes decadentes y hasta esas represas que Mao Tse-Tung está haciendo con ovarios de araña en la China Roja.
Espero que los gusanos que se comieron a Bertolt Brecht sean más sinceros.
He vomitado todos los gatos. ¿Verdad Husserl? ¿Verdad Hartmann?
A propósito Husserl, ¿en esa segunda reducción fenomenológica que haces no sería más apropiado verter unas cuantas gotas de permanganato? La sangre de gato no sirve porque es melosa y entonces a tu método le caería tal cantidad de moscas que infectaría todo el pensamiento europeo y tendría que guardar cama la filosofía moderna.
En cuanto a ti, Hartmann, te diré que el problema ontológico de las gatas estériles es el que más trabajo me ha costado resolver. No sirven ni las ecuaciones tridimensionales ni las cuatridimensionales. Creo que lo mejor que puedo hacer es guardarlas a todas en una refrigeradora de bolsillo. Hartmann. Gatas estériles. El problema ontológico. ¿Dónde habrá veneno? Si vendieran balas de durazno me metería unas cuantas por los codos.
He vomitado todos los gatos con el mínimo quantum de 6.55 x 10-27 elmos segundo. Pero no de cualquier manera, sino irrespetando las leyes físicas de la conservación de la materia. ¡Qué Campo Gravitacional, ni qué Campo Electromagnético! Lo que hay que hacer con estos dos ladrones es crucificarlos.
Cratillo, el primer maestro de Platón, decía: “¿Veis allá la luna? Pues bien, la habéis visto; era la luna, pero ahora ya no es la luna que habéis visto; es otra… y esa otra luna que estáis viendo, ¿pensáis que aún es la misma otra? No, ya es OTRA otra”. Yo me pregunto: ¿Habré dejado de ser? ¿Quién era? ¿Seré un gato?
Todos los días quedamos reducidos a la última expresión en la mente de un sofista. Mañana probablemente no seré el Gato, sino la aguja de Cleopatra, el coxis de Homero, la dentadura cariada de Sócrates o el pene de San Agustín.
Estoy pensando si a Anaximandro de Mileto le quitarán el “Apeiron” y le darán un huevo. ¿Y qué le quitarán a Zoroastro, a Zaratustra y a Tristán Tzara?
Hegel y Bertrand Russell afirman que toda descomposición pertenece a la Metafísica de Heráclito. ¿Pero realmente somos un flujo perpetuo? ¿O un símbolo en la tetilla de otro desgraciado?
El electrón es una hermosa fantasía que Walt Disney debiera filmar con película albina. Es un ángel caído del cielo del átomo a los anillos invisibles de la nada.
Y el protón y el masón y elmotrón son los espías universales de la materia, que pronto serán llevados a la guillotina.
Invito a William James, el filósofo que ha ayudado a confirmar mis dudas sobre ciertas entidades; a Segret, el físico que nos ha entregado al sapo y a mí el refugio de la antimateria; a todos los obreros que se ganan la vida atornillando muñecas de trapo; a los cardenales, como también a todas las putas que viven dopadas, a que vengan a mi mesa rodeada de gatos, para poder contarles entre sorbos de tristeza, que la vida es un error y una continua perdedera de tiempo.
Mis gatos no van a Delfos, ni asisten a esas cosas raras que hacen en el Vaticano, ni les importa si Fátima va a fútbol o no va, si a Lutero le gustan las monjas, ni si Sor Inés las prefiere rubias, ni escarban las tumbas de los faraones embalsamados. ¿Qué consuelo puede ofrecer un mate de arroz cocinado por esclavos? Ni se vuelven marxistas, ni les da por estudiar ginecología, ni leen a Maritain, ni compran acciones en una fábrica de fetos.
Mefistófeles me ha dicho que la ciencia va a subir de precio. Está cansado de tener que ver con tanto loco. Lo siento por Fausto, viejo engañado, y por los jóvenes que quieren leer a Bohr y a Nostradamus junto a las viejas calaveras.
Si Protágoras los viera se reiría a carcajadas y les diría: “¿Veis esos gatos que el poeta ha vomitado radioactivamente con el mínimo quantum de 6.55 x 10-27 elmos segundos? Pues vedlos bien porque no existen en sí, sino en vuestras mentes depravadas.
No busquéis la cosa en sí, sino en la formación del pensamiento”. Y agregaría: “El hombre es el parámetro de todas las cosas; de las que son mientras son, y de las que no son mientras no son”.
Lo siento por los jóvenes que quieren doctorarse en Magia Negra; que se enamoran de las gonorreas, pero que se olvidan de la vida; que inventan servomecanismos para poder viajar a la estrella más lejana, pero se olvidan de dónde queda el orinal; construyen alas ortopédicas para poder volar hasta las más perdidas quinta-esencias, pero no pueden elaborar ni siquiera un triste callo; diseñan máquinas de hacer pus, pero se olvidan de ponerlas en funcionamiento; disparan cohetes a la luna, mientras dejan que los perros se sigan muriendo de hidrofobia.
La Esfinge me ha manifestado que para poder viajar a la “Ciudad de los Gatos” hay que treparse encima de un fotón. Los aviones aerodinámicos solamente se hicieron para los gorilas. De modo que por favor Einstein, préstame tu paracaídas.
Y tú, estatua infeliz, ¿por qué no hablas? ¿Quién fue el artista que te cortó la lengua? ¿Eres acaso la Mentira? ¿La Muerte? ¿La Democracia? ¿O la Justicia, que cansada de recoger colillas se durmió meando?
Fidias, ¡pégate un tiro!
Y tú Praxíteles, no te abras tanto de patas. Lo más que puedes hacer de esa piedra es un dios. ¿Y un dios para qué? ¿Por qué no tallas mejor una rata que sepa recitar versos de Goethe?
Ahora si no puedes, agarra un cuchillo y esculpe sobre mi propia carne un monstruo.
Desde mi poema-pasaporte les grito a todos los profetas que mis gatos no necesitan salvación. Tal vez mi ojo derecho o mi vesícula, pero no mis gatos.
Mientras las rosas se sigan pudriendo; y nazcan niños con los ojos torcidos; y los buques se hundan de cansancio; y los burros se mueran de tristeza; y a las poetisas se le sigan cayendo los dientes; y a las abuelas se les arrugue el vientre, no podrá haber alegría ni amor entre mis gatos.
7 poetas nadaístas. Caracas. Fundación Editorial El perro y la rana. 2016. Págs. 9, 25, 26, 27, 28, 31-32, 33-34, 36-40.
(Fuente: La Mecánica Celeste)
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