
PARÁBOLA DE LOS EMIGRANTES RUSOS
Sucedió en el año veinte
o quizá en el veintiuno
hasta nosotros vinieron
emigrantes rusos
muy altos rubios
de ojos soñadores
y con mujeres de ensueño
cuando cruzaban por el mercado
decíamos -aves de paso
iban a los bailes de los terratenientes
a su alrededor se susurraba -qué joyas
pero cuando las luces de la fiesta se apagaban
la gente quedaba desvalida
los grises periódicos permanecían callados
y sólo el juego del solitario se apiadaba de ellos
tras las ventanas enmudecían las guitarras
e incluso pálidos se tornaban los ojos negros
al atardecer a sus estaciones de origen
los transportaba un samovar con silbato
un par de años más tarde se hablaba
sólo del trío
del que enloqueció
del que se colgó
y de aquella a la que acudían los hombres
los demás vivieron apartados
y poco a poco se convirtieron en ceniza
Esta parábola refiere Mikolaj
quien comprende la perentoriedad de la historia
para asustarme quiero decir para persuadirme
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en "Informe desde la ciudad sitiada y otros poemas", Hiperión, Madrid, 1993. Trad. de Xaviero Ballester. Véase también "Poesía completa", Lumen, Barcelona, 2012. Ed. y trad. de Xaverio Ballester. En la imagen, Zbigniew Herbert (Lvov, Polonia, 1924-Varsovia, Polonia, 1998) por Renate Von Mangoldt, 1976.
(Fuente: Jonio González)
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