SUELE SUCEDER
Suelo morirme a las mañanas,
justamente a la hora de guardar
el Escarabajo de oro
en el portafolios
cuando el andén de Constitución
recibe los últimos boqueos de mi subterráneo
y el reumatismo que ya me perdió el respeto
me palmea confianzudamente la rodilla
al levantarme.
Suelo morirme a las mañanas,
casi sin odio le digo no va más
a tanta cosa ardiente que me brota.
¿De dónde?
Y un dos un dos
el viejo embozalarse molinete,
el viejo insomnio trepando pasamanos.
Un dos un dos.
Un poco de fatiga y la bufanda
y la piel de aguantar
hasta el dedo del jefe en mis papeles,
y me muero,
acudo al Equanil,
recuerdo deudas,
me grito pobre tipo
y ya me estoy tocando la calvicie
y ya salgo a comprar bicarbonato,
me doy un tironcito a la mortaja y chau,
me quedo muerto.
Pero ocurre que a veces,
a veces porque sí,
por primavera,
por cuento,
por salir o por muchacha
me vuelvo inteligente solidario,
sé de pronto quién soy, dónde piso,
se me viene un pasado a la memoria
y me nace un futuro en la garganta,
crezco en el tiempo y me circulo entero.
Y ya me nace la palabra hombre
y el prodigio de ser hasta el zapato
de puro estar cambiando el universo
creyéndome y creyendo,
creyéndome y creyendo
cuando le planto un “no” como una casa al jefe,
al comisario, a Jesucristo.
Cuando me doy en Cacho para siempre
haciendo lo que hago, cosas, cuentos,
pateando la tristeza, alborotando,
dando mi piel caliente,
mis dos manos.
Éste soy yo venga una copa y cante
qué tanto fin de mes ni tanta cuenta,
sí, el hermanito Zeus me hace la seña del as
y voy matando,
y voy matando sombras,
degollando muñecos de aserrín que dicen
dónde nos lleva este sufrir sufriendo
y hasta cuándo,
hasta cuando me saquen a tirones
de esta ciudad que es hembra
y me responde que todo el aire es canto
y voy cantando y entonces sí,
entonces sí, compadre, resucito,
siento mis pies que pisan y prometen.
Se me va el reuma,
el hígado,
el resfrío,
ando de Constantini hasta los pelos,
digo gran puta lo que soy viviendo,
le aprieto la cintura a Buenos Aires,
le hago un hijo de sangre,
canto y cuento
y salgo a caminar con tanta vida
con tanta cosa ardiente aquí en el pecho.
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