lunes, 10 de agosto de 2026

Enrique Azcoaga (Madrid, 1912 - 1985)

 

 

 

UN POEMA DE  REFLEXIONES SOBRE MI POESÍA EDICIÓN DE JOAQUÍN BENITO DE LUCAS 

 

 







Y una rueda, esa rueda inmejorable

por la que normalmente te resuelves,

no acaba cuanto tú, descoyuntado,

comprendes que morir no es cosa tuya.

Por tus brazos, perpetuos de caricia,

enraízas en la tierra tu esperanza;

el cielo que en la calle apenas cabe

busca la resonancia de tus ruedas;

sobre el ara propicia que supone

ha de alentar lo que alentando quieres,

y por si fuera poco, varón claro,

caminarás de acuerdo con la especie

más tierna a que dedicas tu vacío.


Déjame que te imite al realizarme.

Cúmplete, conllevando carga y vida.

Que a San Martín, la calle labradora,

como a esta vida atroz en que te encuentro

hay que traer espléndidas cosechas,

para que la calleja y mi fracaso

se crean, cual graneros desbordantes,

que lo que tú trastornas mansamente

es merecida flor, plena alegría.



***



Te llamo libertad como a ninguna

sorpresa de la tierra; hay en tu suerte

tanta felicidad posible y pura,

que la potencia viva de tu gloria

desmiente lo que todos conseguimos

para perpetuarnos pobremente.

El poderío pesa, carro amigo

y porque eres poder mientras conllevas

la cálida sazón con que limitas,

derramas un sosiego, una ventaja,

dispuestos a brindarse a quien encuentre

salud en tu suprema servidumbre,

por lo que veo mi vida coronada

en una realidad como la tuya,

cuando sobre mi espalda sólo aquello

que mío o de la vida represente

la pretensión de todo lo que crece

exorne mi humildad eternizándola.



***



La flor huye del muerto que la nutre.

La vida, de la muerte que la alienta.

Del cieno descompuesto, fermentado,

se eleva, como arcángeles nutridos,

todo lo que en la boda del estiércol

con la semilla pura se origina,

y antes, bastante antes, cuando el carro

confía a la basura en un destino,

cierto contento vasto quiere alzarse.


¡Es la resurrección en nuestra vida!

¡Es como si muriendo se mintiese!

Un carro de cadáveres no es siempre

motivo de tristeza, ni el desprecio

sudario suficiente para nada.

Es preciso morir para dar fruto.

Es necesario ser como tú eres

para recompensar lo descompuesto,

y amar, amar para que nada acabe.




Enrique Azcoaga

en

Reflexiones sobre mi poesía


Edición: Joaquín Benito de Lucas


Eneida

                  (Fuente: Papeles de Pablo Müller)

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