UN POEMA DE REFLEXIONES SOBRE MI POESÍA EDICIÓN DE JOAQUÍN BENITO DE LUCAS
Y una rueda, esa rueda inmejorable
por la que normalmente te resuelves,
no acaba cuanto tú, descoyuntado,
comprendes que morir no es cosa tuya.
Por tus brazos, perpetuos de caricia,
enraízas en la tierra tu esperanza;
el cielo que en la calle apenas cabe
busca la resonancia de tus ruedas;
sobre el ara propicia que supone
ha de alentar lo que alentando quieres,
y por si fuera poco, varón claro,
caminarás de acuerdo con la especie
más tierna a que dedicas tu vacío.
Déjame que te imite al realizarme.
Cúmplete, conllevando carga y vida.
Que a San Martín, la calle labradora,
como a esta vida atroz en que te encuentro
hay que traer espléndidas cosechas,
para que la calleja y mi fracaso
se crean, cual graneros desbordantes,
que lo que tú trastornas mansamente
es merecida flor, plena alegría.
***
Te llamo libertad como a ninguna
sorpresa de la tierra; hay en tu suerte
tanta felicidad posible y pura,
que la potencia viva de tu gloria
desmiente lo que todos conseguimos
para perpetuarnos pobremente.
El poderío pesa, carro amigo
y porque eres poder mientras conllevas
la cálida sazón con que limitas,
derramas un sosiego, una ventaja,
dispuestos a brindarse a quien encuentre
salud en tu suprema servidumbre,
por lo que veo mi vida coronada
en una realidad como la tuya,
cuando sobre mi espalda sólo aquello
que mío o de la vida represente
la pretensión de todo lo que crece
exorne mi humildad eternizándola.
***
La flor huye del muerto que la nutre.
La vida, de la muerte que la alienta.
Del cieno descompuesto, fermentado,
se eleva, como arcángeles nutridos,
todo lo que en la boda del estiércol
con la semilla pura se origina,
y antes, bastante antes, cuando el carro
confía a la basura en un destino,
cierto contento vasto quiere alzarse.
¡Es la resurrección en nuestra vida!
¡Es como si muriendo se mintiese!
Un carro de cadáveres no es siempre
motivo de tristeza, ni el desprecio
sudario suficiente para nada.
Es preciso morir para dar fruto.
Es necesario ser como tú eres
para recompensar lo descompuesto,
y amar, amar para que nada acabe.
Enrique Azcoaga
en
Reflexiones sobre mi poesía
Edición: Joaquín Benito de Lucas
Eneida
(Fuente: Papeles de Pablo Müller)

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