V
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(No ignoro que los muertos esperaban,
al doblar inmediato de cada despedida,
para poner el asco de su sed en tu rostro.
Si de silencio entonces mis trajines de pez
sobre tus hombros, fue porque a los
pantanos desnudo y siempre solo contigo
fui, monstruosamente hermoso.
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Magdalena, tu rostro.
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Mientras enloquecías de arena en el rocío,
y el insomnio azotaba tus muslos y la luna,
con esa astucia propia de los ciegos:
yo tocaba tu rostro.
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Falanges de la dicha, epidermis del odio,
Magdalena, mis manos de leproso).
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De: «𝘈𝘶𝘴𝘦𝘯𝘤𝘪𝘢𝘴 𝘺 𝘳𝘦𝘵𝘢𝘳𝘥𝘰𝘴» (1963)
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César Viacheslav Calvo Soriano fue un poeta peruano 
(Fuente: Grover González Gallardo Posíia)
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