martes, 18 de agosto de 2026

Héctor Giuliano (Murazzano, Italia, 1947 / Reside en San Juan, Argentina)

 

 

"... tierno llora su ternura de ternero mamón..."
Alain Delon en Córcega, reportaje para Paris Match,1963)
 
 
Las tapas
que encierran
este conjunto poemagógico
es primor
y melocotón en almíbar.
 
Luces venecianas
del Tintoretto
y traslación corta
de san Marcos,
esa masa
que gira y se detiene,
esos torácicos huesos
evanescentes,
¿almas?
¿bubones?
¿pinceladas que no pudo borrar?
¿engaños ópticos destinados al futuro?
¿chapucería?
¿firuletes cuasi barrocos?
¿acantos y leones muy siglo XV?
 
En fin,
intentos capciosos
en cartopapel amarillento
que se expulsan con este humo
de un cigarro
que compré en Isla Alberdi,
Paraguay,
allá en los albores del 90.
Prólogo pulsea
la primera página,
bonarda en el jarro
y mortadela entre pan y pan,
un adelanto
escrito por un amigo de la infancia
con un poco más de ideas
que un alfajor.
 
¿Los poemas?
Pues, no sé si así se llaman,
pobrísimos,
ni sonetos ni madrigales,
ni yámbicos,
no revestidos de esa gravedad
romana
que en Hispania o Antioquía
eran sello, laurel y púrpura.
 
Desmadrados
los ojetitos.
 
Yo sufro,
yo sonrío,
yo leo a mi astrólogo
y él me cobra dos dólares
la sesión,
yo amo y no hallo
una frase de barrio y corralón.
 
Yo y yo = yo = yo y yo.
 
Yo estresado y transitivo,
lloriqueo cual pueblerino,
cosillas comunes,
aburrimiento dominical,
ecumenismo que W. Benjamin
diseminó por ahí,
sin esmerarse
en góndolas, piazzettas y canales.

- Inédito -

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario