PARA EL LIBRO DEL AMOR
Mañana puedo morir y aún no he amado.
Jamás mis labios rozaron unos labios de mujer,
Ninguna me entregó en su mirada el alma,
Ninguna me estrechó contra su extasiado corazón.
Ha sido mi vida un continuo penar, por toda la naturaleza,
Por los seres, por el viento, las flores, el firmamento ,
Sufrir por todos mis nervios, minuciosamente,
Sufrir por no tener un alma aún lo bastante pura.
¡Desprecié el amor y maté la carne!
¡Loco de orgullo, inflexible me mantuve ante la vida!
Y, solo, sobre esa Tierra al Instinto sometida,
Al Instinto desafiaba con amargo rictus.
Por doquier, en los salones, en el teatro en la iglesia,
Antes esos hombres fríos, los más grandes, los más esbeltos,
Y esas mujeres de ojos dulces, celosos y altivos
Cuya alma exquisita redoraríamos castamente,
Pensaba: ¡Mira en lo que ha quedado todo! ¡Escuchaba
Los estertores del inmundo apareamiento de los brutos!
¡Tantas abyecciones para un acceso de tres minutos!
¡Hombres, corrección! ¡Mujeres, seguid con vuestras zalamerías!
A UN CRANEO QUE HABÍA PERDIDO SU MANDIBULA INFERIOR
¡Hermano! -¿Dónde vivías? ¿En qué siglo? ¿Cómo?
¿Qué vivió el cerebro alojado en esta caja?
¿El infinito? ¿La locura? ¿O el limitado pensamiento
Que permite al hombre pasar y morir sin asombro alguno?
Casi todo el mundo, cierto es, fatalmente sigue todo,
Sin soñar más allí del círculo que explota.
El tan conocido y recto sendero del instinto,
También lo seguiste tú – hasta el postrer instante.
¡Ah, ese instante lo es todo!¡Es la hora solemne
En que, en un supremo y despavorido salto, partiste
Maravillados tus ojos de lejanos paraísos!
¡Oh! Tu vida es bien poco, ¡Ve! ¡Por muy negra que fuera!
Hermano, creíste ascender al eterno festín
y ¿quiéN puede despertar tus traicionados átomos?
RESIGNACIÓN
Como necio parásito de un planeta oscuro,
en la infinidad sonora de clamores eternos,
aquí, lugar cualquiera, he nacido y vivo,
y sólo es mi deseo que se sepa y se detenga todo.
Que por un grito perdido en la tormenta
los océanos callen de pronto el aullido de sus olas,
que por traer flores a mi tumba
los soles en masa dejen su Verbena.
¡Pobre corazón ingenuo! Rómpete, no eres nada.
Muchos otros murieron con ansias iguales
y la tierra siguió en su silencio.
Todo es duro, descorazonado, superior a ti.
Sufre, ama, espera siempre y baila
sin nunca exigir ese Porqué universal.
CISTERNA SECA
Cobarde vi cómo el Arte partía, mi último dios;
ya no me estrecha lo Bello con su inmortal delirio,
siento que he perdido, pues con Él echó a volar
el éxtasis que aplaca a veces los viejos deseos.
Treinta siglos de hastío pesan en mi espalda
y concentran sobre mí su llanto y su culpa.
Nuestras manos olvidaron el trabajo que consuela.
No hay día en que no piense, miedoso, en la muerte.
Sordo a la ilusión de las multitudes,
me arrastro abatido hacia parajes lejanos,
todo acabó para mí, nada más espero.
¡Pero lates aún, deshecho corazón pobre!
¡Ah, si como antaño al menos lograra
el llorar que tanto bien hace a los niños!
LA ESFINGE
En las estepas del desierto, a la hora en que el apagado cielo
al jaguar adormecido incita a buscar el frescor,
con los ojos en el horizonte mudo, vasto, sin fin,
hundidos hasta los senos en la arena, una esfinge en cuclillas sueña.
A sus pies, sin embargo, muriendo como el oleaje,
un pueblo de hormigas negro y atareado se agita.
vive, ama, va, y luego lentamente pasa
bajo esa mirada sin cesar en el horizonte clavada.
Y ese pueblo ya no existe. El sol escarlata
allá abajo tranquilo se oculta, en un resplandor dorado,
luego, el aliento de la tarde, tibio y delicado,
dispersa esos despojos. La gran esfinge sigue soñando.
OTRA ENDECHA DE LORD PIERROT
¡La que debe ponerme al tanto de la Mujer!
Primero le diremos, con mi aire menos frío:
«La suma de los ángulos de un triángulo, alma mía,
«Es igual a dos rectos.»
Y si le sale el grito: «¡Dios de Dios! ¡cómo te amo!
—»Dios va a reconocer a los suyos.» O picada en lo más vivo:
—»Mis teclas tienen corazón, serás mi único tema.»
Yo: «Todo es relativo.»
Y con sus ojos todos, ¡vamos! sintiéndose de más banal:
«¡Ah! tú no me amas; tantos otros tienen celos!»
Yo, con una mirada que se embala al Inconsciente:
«Gracias, no está mal; ¿y usted?»
—»¡Juguemos al más fiel!» —»¡Para qué, Naturaleza!»
«¡A que el que pierde gana!» Vamos, otra canción:
—»¡Ah! tú vas a cansarte primero, estoy segura…»
—»Después de usted, por favor.»
Si, en fin, por una noche, ella muere en mis libros,
Dulce; fingiendo no creerles ya a mis ojos,
Tendré un: «Ah bien, pero, teníamos De Qué vivir!»
«¿Entonces era en serio?»
RELAMPAGO DE ABISMO
Me hallaba en una torre en medio de los astros.
Un vértigo, de pronto. ¡En un rayo, sin velos,
Escrutaba, temblando de pánico, de espanto,
El enigma del Cosmos en todo su estupor!
¿Todo está solo? ¿Dónde estoy? ¿A dónde rueda
El bloque que me arrastra? ¡Puedo morir, partir,
Sin saber nada! ¡Hablad! ¡Oh rabia, el tiempo vuela
Sin vuelta atrás! ¡Parad, parad! ¿Y disfrutar?
¡Pues que todo lo ignoro! Llegó mi hora tal vez:
No sé. Yo me encontraba en la noche, y nací.
¿Por qué? ¿Y el universo? ¿A dónde -va? Que el cura
Es sólo un hombre. Nada sabemos. ¡Dios, asómate,
Testigo eterno, muéstrate! Habla, ¿por qué la vida?
Todo calla. El espacio no tiene alma. ¡Esperad!
¡No quiero morir, astros! ¡Soy una inteligencia!
¡Ah, volver a ser nada irremediablemente!
LAMENTO PROPICIATORIO AL INCONSCIENTE
¡Oh Ley, que sois porque Sois,
Que el retiro sea Vuestro Nombre!
-¡Ellas! ¿Arrastrarse hacia ellas en adoración?
¿O que sobre su miseria humana me revuelque?
¡Ella me ama, infinitamente! ¡No, de ocasión!
¡Si no fuera a mí, amaría infinitamente a otro!
¡Que vuestra inconsciente voluntad
Se haga en la eternidad!
En el órgano que entre aflicciones se castiga,
¿Estar inerte, veranos enteros, bajo las vidrieras, lánguido
Morir de un contacto con la Eucaristía,
Introducirse un crucifijo afilado y desnudo en el corazón?
¡Que de vuestra comunión nos venga
Nuestra cotidiana sabiduría!
-¡Oh cruzados de mi sangre! ¡Transportar las ciudades!
¡Bendecir la Pascua universal, sin salarios!
¿Morir en la Montaña, y que la Humanidad,
En edades de oro incesantes, lleve mi imagen en escapularios?
¡Perdonad nuestras ofensas, nuestros gritos,
Como si desde siempre estuvieran escritos!
Crucificar el infinito en lienzos como
Un pañuelo, y que digan: «¡Oh, enmudeció el ideal!»
¡Formularlo Todo! ¡Decir el Hombre en fugas sin fin!
Ser el alma de las artes en zonas, ¿qué más quieres?
No, nada: liberadnos del Pensamiento,
Lepra original, insensata embriaguez,
Almadía del Mal y del Exilio;
Que así sea.
***
(Fuente: Henderson Espinosa)
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