2 poemas de MALPAÍS
VÍAS DE FUGA
El que camina labra con su voz
surcos en el agua: cantar sin contar.
No tiene nombre el que camina
cuando en la turbera hace su trabajo:
velar por lo desaparecido
y abrir zanjas por las que el sentido
despeje vías de fuga y subvierta su trazado.
El que camina detiene sus pasos
en una casa abierta a todos los senderos.
AGUACERO
Llueve sin misericordia sobre la tierra quemada cuando el que camina hace del lenguaje una casa en permanente construcción, amenazada por el agua de escorrentía, el lugar común y los árboles azotados por la tempestad, arrasada por las inclemencias de la historia pero dispuesta a levantarse de nuevo contra viento y marea y en nombre de nadie, en nombre de todos los reventados de la tierra.
Llueve sin tregua sobre ese páramo inhóspito cuando el que camina se empeña en habitar un espacio en el que sea posible, más allá del naufragio, entender la vida como flujos marcados por la deriva y el devenir constantes, un horizonte desde el que pueda hacerse frente a la demolición e imaginar inexploradas formas de existencia.
Llueve a cántaros sobre las plazas y las calles de las ciudades, arrecia el temporal y el agua arrastra consigo toneladas de podredumbre amontonadas a lo largo de años y años administrados por expertos en el negocio del cambalache político y otras aves de rapiña.
Llueve sin compasión sobre la frontera cuando los espaldas mojadas se enfrentan a la corriente al intentar alcanzar la tierra que se extiende más allá de la otra orilla.
Alfredo Saldaña. Malpaís. Ed. La Isla de Siltolá, 2015
(Fuente: Voces del extremo)

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