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.
Dogos blancos colgando del
colmillo de la luna,
colmillos carcomidos por el
calcio que rapiñaron al
nacer, ahora, acá, en la rotonda.
.
Dentro de cada dogo hay un galgo y
dentro de cada galgo un cusquito,
muertos ya, por la fiereza de los hijos
de la luna.
.
Ahora son pedradas de enamorados golpeando
las ventanas,
son aquello que por ser tan evidente no pensamos ni imaginamos
jamás,
son el barro pegado en el fondo de las cunetas de los caminos
cuando nadie pasa
y juegan con zorros
que bajan de las sierras a robar peras podridas
y manzanas.
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