jueves, 23 de julio de 2026

Javier Naranjo (Medellín, Colombia, 1956)

 

 

Nada mortal aún

 

Aquí fui

Morir del padre

 

¿Cómo serán los días del que se ve irse?

Morir, pasa en su cuerpo que es el que muere,

y le han dicho

que se corre el riesgo de que sea del todo.

Parece pues mejor permanecer

en la conciencia cada vez más difusa,

de que estás y ocupás –en consecuencia-

un lugar en el mundo.

Así te volteen para ponerte el pañal,

y la comida no te llame ya, ni el sexo,

ni la memoria, ni los rostros.

 

Media vieja

 

¿Qué querrá decir que ahora

con una media vieja de mi papá

limpio y brillo tus zapatos, amores?

Una media que con otras más

estaba en el lavadero

para limpiar polvo, manchas,

mugre, para brillar y dar lustre

como la Real Academia dice

que hace con la lengua que nos nutre.

¿En qué se diferencia el brillo

que intenta dar la media de mi padre muerto

del brillo que se intenta dar a las palabras?

El cuero de tus botas ya casi refulge,

Y yo empecino con la media

que fatigó –aquí sí cabe- el pie

de los caminos de mi padre…

-Me río, casi, de ese fatigar,

Esa palabra tan cercana a Borges-,

… pero no me río de su andar

Tratando de entenderse

y entender la vida que hizo,

que somos nosotros

y mi madre extraviada a la que nunca

me acerqué tanto

para sabernos heridos

 

 

Repetida y única

 

… las palabras se repiten entre sí

por el sentido: son solteras y sociables

Mirta Rosemberg

 

Creo que muchas veces

la repetición de palabras en la conversación

o en la escritura, no es pobreza,

sino conciencia largamente luchada.

La misma palabra que se repite en un poema

arriesga más, porque ninguna puede sobrar.

La misma palabra una y otra vez y más,

salpicando, chorriando, sobreabundando,

es conciencia,

búsqueda terca

de cada palabra,

repetida y única.

 

Leer malos poemas

 

Leer malos poemas es casi tan bueno

como leer los buenos.

O mejor:

leer poemas que pretenden tener poesía

enseña casi tanto

como leer los que sí tienen poesía.

Hay palabras que fingen ataviarse de sentido

y dicen, y se paran

las muy majas, engañando

engañándonos.

Y eso muestra dónde sí puede estar la poesía,

que se incomoda con las palabras muy serias y tiesas

y quiere decir muy poquito,

y dice tanto cuando apenas musita.

Es tan bueno advertirlo y ver la trampa

de las palabras que se creen poesía.

Porque las palabras que son poesía

no gritan para hacerse ver

ni se emperifollan… me parece,

ni se lamentan ni se lloran

cuando aflora la carne…

me parece

 

 

Como si tuviera tiempo

 

Todo el mundo mira a todo el mundo

Como si tuviera tiempo, y esa fuera su fortaleza

su secreta inmortalidad.

Todo el mundo mira a todo el mundo

como si nos desprendiéramos del otro,

y dijéramos adiós,

y hasta nunca,

y ya no te veré

porque te sobrevivo.

Y puedo andar la tierra y tener soberanía,

sobre lo que me pasa,

soberanía sobre mi muerte que no existe

 

 

Perdurar en imagen

 

Cada uno contempla un espejo

que le devuelve permanencia.

Para eso se buscan entre sí los espejos

embelesados de inmortalidad.

 

Fuera de sí

 

Cuando dicen de alguien que está fuera de sí,

hablan de que está loco

o enloquecido. Que se perdió de sí mismo,

y no tiene control. Que es otro.

Y el que se mueve estando fuera de sí,

¿quién era en ese momento?,

¿con qué nombre lo tomó la muerte?,

¿en qué recodo de ese escondite se encontraron?

Un escondrijo donde quisiera vivir por siempre

el que está fuera de sí.

Pero hay que volver a uno, no hay escape

 

 

Aquí fui

 

La gente se va muriendo sin porqué.

Por ligerezas

como cumplir muchos años, una bala encontrada,

un muro que se derrumba,

o la caída de una silla con vos en una piedra.

Tonterías de esas

que hacen a un cuerpo trastabillar.

Pequeños errores de cálculo:

donde debía pisar, pisé.

Para no ser uno lo que dijo una mujer

al estrellarse en un carro:

“Aquí fui”

 

Esclava

 

Tengo sometidas unas matas

a la duda

de si van a tener larga vida.

Tengo esclavas unas matas

con poquita agua, yaciendo,

lamentando su poco crecer,

su pequeña estatura,

porque apenas las alimento.

Agua poca. Y pasan meses

esperando a que las adopte,

para que encuentren

contra mi ceguera,

por fin raíz, hoja, y florecer.

 

Bellezas de la vida

 

A veces hay que dejar

que se vayan por un volado,

que se despeñen

las bellezas de la vida,

y respirar y enseguida decir

que de lo que hicimos

no hay testimonio,

ni memoria, ni huella,

que no moraste en nada nunca

 

Crepusculares

Inmortales

 

A José Manuel Arango

 

Quisiera ir

como esos muchachos que reían anoche

en las calles oscuras,

y aún no saben que mueren.

Bajo las lámparas que los recortaban,

sus dientes soberbios,

firmes, inmortales.

Calle del Carmen

Yo amo tanto esta luz y esta sombra

de esta esquina,

llena del transitar de todos los perdidos.

Dulce es verse en ellos, siendo yo

 

Nada mortal aún. Medellín. Sílaba Editores. 2026. Págs. 17, 20, 23, 24, 27, 29, 30, 31, 36, 40, 58, 59.

 

(Fuente: La Mecánica Celeste) 

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