Nada mortal aún
Aquí fui
Morir del padre
¿Cómo serán los días del que se ve irse?
Morir, pasa en su cuerpo que es el que muere,
y le han dicho
que se corre el riesgo de que sea del todo.
Parece pues mejor permanecer
en la conciencia cada vez más difusa,
de que estás y ocupás –en consecuencia-
un lugar en el mundo.
Así te volteen para ponerte el pañal,
y la comida no te llame ya, ni el sexo,
ni la memoria, ni los rostros.
Media vieja
¿Qué querrá decir que ahora
con una media vieja de mi papá
limpio y brillo tus zapatos, amores?
Una media que con otras más
estaba en el lavadero
para limpiar polvo, manchas,
mugre, para brillar y dar lustre
como la Real Academia dice
que hace con la lengua que nos nutre.
¿En qué se diferencia el brillo
que intenta dar la media de mi padre muerto
del brillo que se intenta dar a las palabras?
El cuero de tus botas ya casi refulge,
Y yo empecino con la media
que fatigó –aquí sí cabe- el pie
de los caminos de mi padre…
-Me río, casi, de ese fatigar,
Esa palabra tan cercana a Borges-,
… pero no me río de su andar
Tratando de entenderse
y entender la vida que hizo,
que somos nosotros
y mi madre extraviada a la que nunca
me acerqué tanto
para sabernos heridos
Repetida y única
… las palabras se repiten entre sí
por el sentido: son solteras y sociables
Mirta Rosemberg
Creo que muchas veces
la repetición de palabras en la conversación
o en la escritura, no es pobreza,
sino conciencia largamente luchada.
La misma palabra que se repite en un poema
arriesga más, porque ninguna puede sobrar.
La misma palabra una y otra vez y más,
salpicando, chorriando, sobreabundando,
es conciencia,
búsqueda terca
de cada palabra,
repetida y única.
Leer malos poemas
Leer malos poemas es casi tan bueno
como leer los buenos.
O mejor:
leer poemas que pretenden tener poesía
enseña casi tanto
como leer los que sí tienen poesía.
Hay palabras que fingen ataviarse de sentido
y dicen, y se paran
las muy majas, engañando
engañándonos.
Y eso muestra dónde sí puede estar la poesía,
que se incomoda con las palabras muy serias y tiesas
y quiere decir muy poquito,
y dice tanto cuando apenas musita.
Es tan bueno advertirlo y ver la trampa
de las palabras que se creen poesía.
Porque las palabras que son poesía
no gritan para hacerse ver
ni se emperifollan… me parece,
ni se lamentan ni se lloran
cuando aflora la carne…
me parece
Como si tuviera tiempo
Todo el mundo mira a todo el mundo
Como si tuviera tiempo, y esa fuera su fortaleza
su secreta inmortalidad.
Todo el mundo mira a todo el mundo
como si nos desprendiéramos del otro,
y dijéramos adiós,
y hasta nunca,
y ya no te veré
porque te sobrevivo.
Y puedo andar la tierra y tener soberanía,
sobre lo que me pasa,
soberanía sobre mi muerte que no existe
Perdurar en imagen
Cada uno contempla un espejo
que le devuelve permanencia.
Para eso se buscan entre sí los espejos
embelesados de inmortalidad.
Fuera de sí
Cuando dicen de alguien que está fuera de sí,
hablan de que está loco
o enloquecido. Que se perdió de sí mismo,
y no tiene control. Que es otro.
Y el que se mueve estando fuera de sí,
¿quién era en ese momento?,
¿con qué nombre lo tomó la muerte?,
¿en qué recodo de ese escondite se encontraron?
Un escondrijo donde quisiera vivir por siempre
el que está fuera de sí.
Pero hay que volver a uno, no hay escape
Aquí fui
La gente se va muriendo sin porqué.
Por ligerezas
como cumplir muchos años, una bala encontrada,
un muro que se derrumba,
o la caída de una silla con vos en una piedra.
Tonterías de esas
que hacen a un cuerpo trastabillar.
Pequeños errores de cálculo:
donde debía pisar, pisé.
Para no ser uno lo que dijo una mujer
al estrellarse en un carro:
“Aquí fui”
Esclava
Tengo sometidas unas matas
a la duda
de si van a tener larga vida.
Tengo esclavas unas matas
con poquita agua, yaciendo,
lamentando su poco crecer,
su pequeña estatura,
porque apenas las alimento.
Agua poca. Y pasan meses
esperando a que las adopte,
para que encuentren
contra mi ceguera,
por fin raíz, hoja, y florecer.
Bellezas de la vida
A veces hay que dejar
que se vayan por un volado,
que se despeñen
las bellezas de la vida,
y respirar y enseguida decir
que de lo que hicimos
no hay testimonio,
ni memoria, ni huella,
que no moraste en nada nunca
Crepusculares
Inmortales
A José Manuel Arango
Quisiera ir
como esos muchachos que reían anoche
en las calles oscuras,
y aún no saben que mueren.
Bajo las lámparas que los recortaban,
sus dientes soberbios,
firmes, inmortales.
Calle del Carmen
Yo amo tanto esta luz y esta sombra
de esta esquina,
llena del transitar de todos los perdidos.
Dulce es verse en ellos, siendo yo
Nada mortal aún. Medellín. Sílaba Editores. 2026. Págs. 17, 20, 23, 24, 27, 29, 30, 31, 36, 40, 58, 59.
(Fuente: La Mecánica Celeste)
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