miércoles, 21 de enero de 2026

Horacio Castillo (Ensenada, 1934 - La Plata, 2010)

 

 

 

 
 
Desde que Platón expulsó a los poetas de su “República”, la controversia entre uno y otros no ha dejado de alimentar a la poesía. Como botón de muestra, valgan los poemas de autores platenses que copio más abajo. El poema de Castillo, por si falta aclararlo, toma el título de “Civitas solis”, tratado filosófico-político de Tommaso Campanella (1568-1639), y crea, a partir de la exclusión platónica, una bella alegoría.
 
*

LA CIUDAD DEL SOL

 

Expulsados de la ciudad bajo el cargo de fabuladores,
vamos de un lado al otro, durmiendo ya en cuevas,
ya a la intemperie, y alimentándonos de hierbas y raíces
o con la miel de algún panal hallado fortuitamente.
Han venido con nosotros las mujeres y los niños,
y cuando nos reunimos junto al fuego del atardecer,
sus ojos se vuelven una y otra vez hacia las murallas:
después de todo, allí pasamos parte de nuestra vida.
Pero lo exigía la razón. ¿Cómo podían soportar
que llamáramos a la piedra río, al árbol estrella?
¿Cómo podían soportar que llamáramos al pájaro magnolia?
Lo exigía la razón. Y ahora, desde aquí,
vemos con tristeza las anchas puertas de bronce,
las altísimas torres doradas por el sol;
y cuando entran o salen las caravanas
los mercaderes describen las mesas y vasos de oro,
los magníficos altares cubiertos de ofrendas,
las armas que colman todos los recintos
y que en el próximo milenio, dicen, incendiarán el cielo.
Lo exigía la razón. Y ahora, como una horda,
vamos de un lado al otro balbuceando nuestra lengua,
hablando el dialecto de una ciudad perdida
que ya nadie comprende. ¿Cómo podían soportar
que llamáramos al fuego pez, al agua paloma?
¿Cómo podían soportar que llamáramos a la rosa destino,
ellos, los que creen que las bellotas son bellotas?

(Alaska, Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, 1993)
 
 
(Fuente: César Cantoni) 
 

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