miércoles, 28 de enero de 2026

Maurizio Medo (Perú, 1965)

 

 

amanuenses

 

He vivido lo suficiente para observar una cosa;
Que el término tiene un final.
Veronica Forrest-Thomson

 

 

 

1.

Del conjuro de los viejos amanuenses
heredamos estos fósiles: un chancho,
un perro y la ballena. Del arca, el mascarón
de proa y cientos de astillas del bauprés.

Heredamos la alucinación de estar al pie
del extramuro, ansiosos por volver
de la locura y medir los metros que
perdió el poema en la realidad.

Abajo, sus fantasmas, cautivos en escolios,
no ven el esfuerzo de la Miss por explicar
al detalle, en qué sala el grito bautismal.

A qué edad la extremaunción.

Si hubo ahí o no…

—¿Fatalidad es con mayúsculas?

—Dijo Ud. extrema…, ¿qué?

—¿Bautismal con v o b?

Los niños tampoco ven.

2

Ella alucina con Vallejo
en rúbea desolación. Atrás
Eielson azul, erídano en el
crepúsculo de Adán.

Los niños, entre cartularios y añalejos,
se preguntan qué hay de poesía entre
las piezas del museo: la piedra alada
y un círculo de huesos son representaciones.
No los bienes que debimos heredar.

De los viejos amanuenses, a duras penas
lecciones de poesía, bien aprendidas
para el examen bimestral.

3.

Dejémosla alelada con la trama:

aromas noctívagos de absenta
revelan la imagen de una rosa
que seda en creciente encarnación

(música el funk improvisado
del flâneur. En perfecto claroscuro
el piano cimbra un tango inguinal
entre las sombras del bulín)

En otra altura la musa rumba ciega
ante el denuedo de quien escorza
un pálpito de amor contra su piel.

Más allá los poetas hipan rimas
contumaces& el deseo cuaja
salival en alquiler.

4.

«Dolosa heredad» es la impronta
del capítulo final. Ahora ella lee
aquel otro referido a la bohemia como
un limbo infatuante entre el véspero
y un agraz amanecer.

Pero, insiste:

—Colónidas con tilde.

Los niños copian coma aquí, apóstrofe allá,
y ríen de esas bizarras fotos retocadas:
líridas en poses baladí (como si modelaran)
también de sus poemas, satinados en páginas
de gloria, la misma que fuérales negada de raíz.

Pero ella busca con qué hacer soñar los pizarrones
(y con vanos leitmotivs para el taller)

 

 

 

erratas

Ninguno tuvo la vejiga preñada por el cáncer
(apenas unos sucios algodones)

Ninguno exhaló humo, ya vacuo de fuego
(con el pulmón boyante de alquitrán)

Ninguno llegó a llorar por el catéter
(hasta perder la dignidad)

Ninguno mudo en el estiércol, tábanos abajo
(con los perros del báratro comiendo de su alma)

Ninguno muerto.

contrailiada
En la república de escribas, a la vanguardia
está el lenguaje, atrás los rescoldos del asombro.

La materia, y no el espíritu, negocia ladina
sus pertrechos: los conjuros, parcos, ya pretéritos,
en CDs coleccionables, y exiguas ediciones de bolsillo.

Posters de los viejos amanuenses con gestos de
santones imputables. Sus conjuros en sarcófagos
y alrededor la estampita de algún heraldo negro.

En otra altura, una voz rima presente con lírica,
recordar con souvenir. Todo euritmia
con el decorado homérico.

— ¿Y si en vez del blues rimpiante de Orfeo
por Eurídice todos como Alcistes mancaran?

Ella no supo más si con tilde.

— ¿Alcistes es con s o c?

Poesía en la otra margen.

La novelita iliada de cara al mar Egeo.

antípoda
No hay conjuros, Calibán. Sólo fruición
de batuque y candombe donde el lenguaje
refalosa y se contrae.

Jamás se extingue.

Su mar novela tempestad y vírgenes que preñan.

Conjuro es aquello que se está por pronunciar.

No un legado simbólico que va en deriva por
las aguas del inconsciente colectivo.

Ella espantó.

— ¿Eso es esdrújula o aguda?

La novela resultábale profusa.

— ¿Dijo usted?

— Sí, la realidad.

Poesía afuera, la piedra más dentro
de la marea que en el espigón.
Saliente entraña, y, a la vez,
hondura de caracol.

El lenguaje, qué furor sobre el agua,
abluce el ser en el estar
hasta reemerger,
sismo de sonoridad,
trópico
y palabra.

De nadie.

trafas

De los viejos amanuenses, los huesos marfil
de su esqueleto. Cada voz— su instante
y agonía—errata en añalejo.

— ¿Y el laurel? —preguntó a la maestra.

—Cebolla pura—los niños respondieron.

A ella le dieron por ménade, una basáride.

Gato por liebre, si Ud. me entiende.

En el bazar del lenguaje también se embauca

(Poesía cuando culminan los negocios)

—Esto es la realidad y no una novela.

Es la realidad y duele (sin tilde).

Tanto que el afán es proteger a la poesía.

Entre paréntesis va

(Literatura)

reality

La novela como una categoría social, y una
acción intuitiva de la condición humana.

Como eso que hondura kitsch en el alma.

(En el reality, va el último galán por su
pensión de viudez en la cola de inmortales.

Aquella fue su fiel, bellos tranvías.
Otrora ese el rival)

La novela como un plano simultáneo,
oscura bizarrería y aliento kafkiano.

Como el arranque del prime time estelar.

—Oh sino trágico—gimió el productor y atestiguamos
una sarta de tandas comerciales. Como eso que sobra,
fuera de escena, Latinoamérica es una novela, sin
happy end en el capítulo “visados”.

Errata al escribir hambre (con la e de esperanza),
espartana como si en vez de una ménade…

Pero, telúrica, rapsoda entre serenata y carnaval.

Oh Señor de los temblores ten piedad.

alcabalas y órbitas

1.

Poesía se está callada, lejos, en otra órbita
lejana al pago de alcabalas.

Los poetas huyen del fisco
y le respiran boca a boca.

“Morosidad”, pudo llamarse la novela.

Hay deudas. Pero también un venéreo desliz.

En la vanguardia la salivita homosexual.
Luego el free pass, babel de carne.

También manicomios y camales,
émulos del diadoco Caín.

Traición donde el placer.

—¿Tradición o traición?

2

La novelita es una sucesión infinita de traiciones.

— Oh panteón de panteones ¿qué dice la
novela amén de repetir «qué hiciste
con tu hermano»?

Anécdotas y chismes que, leídos con decoro
e impostación, pasan por mártires a turbas infames.

La novela es también una jerarquía histórica
—la conversión de lo cotidiano en mito—

una construcción sociopolítica que
transforma en mérito el delito.

Poesía, afuera, la voz primera,
luego el poema, el orfeón,
el poema, el orfeón…

Y el eco de los símbolos que pusimos
en boca de los muertos, como ellos
en las de quienes murieron antes
para engendrar esta ficción.

 

 

(Fuente: Maurizio Medo.Substack.com) 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario