Cinco poemas
Escribe y traduce: Alan Tevez
Rui Manuel Correia Knopfli (Imhambane, Mozambique, 1932 – Lisboa, Portugal, 1997) fue un poeta, periodista y crítico literario y cinematográfico mozambiqueño. Se mudó con su familia a la capital de Mozambique, Lourenco Marques, hacia 1934, y posteriormente siguió sus estudios secundarios en Johannesburgo, Sudáfrica. Fue delegado de propaganda médica en la entonces colonia portuguesa entre 1954 y 1975. Junto al poeta Joao Pedro Grabato Dias fundó la revista literaria Caliban en 1972. También llegó a ser director del diario vespertino A Tribuna de 1974 a 1975. Fue una de las principales figuras culturales en la ex colonia portuguesa. En su labor literaria se destaca la poética de tipo modernista, aunque también recoge elementos propios de la antigüedad clásica. Se conjugan en su obra los elementos portugueses y angloamericanos, aunque también rescata elementos africanos. Se le compara frecuentemente con poetas como Luis Vaz de Camoes, Carlos Drummond de Andrade, Fernando Pessoa, Joao Cabral de Melo Neto o T.S. Elliot. En sus versos predomina un tono melancólico e intimista que busca la propia identidad frente a una realidad agresiva. Rui Knopfli desarrolla, además, un discurso filosófico dialéctico donde está siempre presente el elemento histórico a partir del ser individual y sus meditaciones. La problemática del paso del tiempo, además del desengaño ante la vida, son otros de los rasgos esenciales en su poesía.
Se destacan entre sus obras los títulos O País dos Outros (1959), Máquina de Aréia (1964), A Ilha do Próspero (1972), O Escriba Acocorado (1978), Memória Consentida (1982-antología-), O Corpo da Atena (1984). Se desempeñó también como consejero de prensa en la embajada de Portugal en Londres de 1975 a 1997, año en que falleció.

A continuación, cinco poemas de Rui Knopfli traducidos al español por el autor de esta nota:
Principio del día
Me quita el sueño un ladrido de perros
en la madrugada. Despierto en la mañana
de gritos inconexos y sacudo
de mí los restos de la noche
y la ceniza de los cigarros fumados
en la víspera.
Digo adiós a la noche sin nostalgia,
digo buen día al nuevo día.
En la mesa el retrato gana contorno,
le digo buen día
y sé que íntimamente él responde.
Salgo a la calle
y voy diciendo buen día en sordina
a las casas y personas que paso.
En el escritorio digo buen día.
Me dicen buen día como quien cierra
una ventana sobre la niebla,
palabras dichas con la epidermis,
sonido disonante, opaco, pesado muro,
entre el sentir y el hablar.
Y buen día ya no es más el puente
que yo intenté levantar.
Callado,
me siento en el escritorio,
sombrío, desencantado.
Programa
No hago lo que quiero,
hago lo que puedo
y lo que puedo pasa
por el paso de la dificultad.
Palabras tengo pocas,
duras, desnudas estacas,
complicando mi elección.
Desiertas y perfiladas
las levanto al sol en vertical
y son monótonas y dan sombra.
Con ellas levanto cuatro desnudas
paredes, un hogar en forma
de oración. Difícilmente
construyo una casa fácil.
Fácil es hacer difícil,
difícil hacer lo fácil.

Quiénes somos
Quiénes somos, si no lo que imperfectamente
sabemos de un pasado de sombras
mal recortadas en la neblina opaca,
imprecisos rostros mentidos en las páginas
antiguas de tomos cuyas palabras
no son, por cierto, las proferidas,
o reproducen siquiera actos y gestos
cometidos. Se yergue la espada:
metal y tierra conocen la sangre
en fronteras y destinos poco
a poco corregidos en la memoria
indescifrable de las arenas.
La lápida, que nombra, no describe
y la historia que lo cuenta,
eco variado y distorsionado, es ya
diversa y a sí misma se entreteje
en la mortaja de conjeturados perfiles.
Mañana seremos otros. Por ahora
nada somos sino el imperfecto
limbo de la leyenda que seremos.
Memoria consentida
En este lugar sin tiempo ni memoria,
en esta luz absoluta o absurda,
o sólo oscuridad total, destellos hay
en que creo, o se me figura,
haber tenido, alguna vez, pasado
con biografía, donde se mezclan
datos, nombres, caras, paisajes
que, de tan rápidos, me dejan
apenas el recuerdo angustiado
de no poder más recordarlos.
Sobra, a veces, una esquirla
o fragmento, como el latido
de un perro en la tarde doliente
y larga de una remota infancia.
O el indistinto murmullo de voces
al lado de un río que, como las voces,
no existe ya cuando hacia él
vuelvo, sorprendido, la mirada cansada.
Insidiosas, crujen las tablas en la tarima,
o es el susurro blando del viento
en el zinc ondulado, en la fronda sombría
de los eucaliptos de perfil en el horizonte,
con el mar de fondo. ¿Qué tarima,
de qué casa, qué viento en qué parajes,
dónde el mar a lo largo, entrevistos,
no los veo ya o, siquiera, recuerdo
en la brevedad del instante cruel?
¿De qué sueño o vida, o espacio de otro,
provienen tales sombras melancólicas,
hiriendo de indescifrables avisos
en este lugar que, no siendo consentido
el corazón, no se consienten tiempo y memoria?
Pausa o pena, a su oculto propósito ha de
siempre oponerse, lenta, la inexorable asfixia
de esta voz absurda, o sólo oscuridad total.

Sin nada mío
Me di entero. Los otros
hacen el mundo (o creen
que lo hacen). Yo me siento
en la puerta, sin nada
mío y tengo una sonrisa
triste y una gota
de ternura blanda en la mirada.
Me di entero, me sobran
corazón, vísceras y un cuerpo.
Con eso voy viviendo.
FUENTES CONSULTADAS:
-https://pt.wikipedia.org/wiki/Rui_Knopfli
-https://www.escritas.org/pt/rui-knopfli
-http://www.algumapoesia.com.br/poesia3/poesianet385.htm
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