sábado, 31 de enero de 2026

Catherine Barnett (Washington D C, EEUU, 1960)

 

 

 

 
 
selección y traducción de Jonio González
 
 

QUIERO VER...

 

Quiero ver su cara.
Estaré de nuevo ante su puerta,
sólo serán cinco minutos,
su cara es para mí una señal, pero no sé
de qué. "Estás triste" digo cuando no lo está,
quizá esté pensando en abandonarme, o en morir,
en arrojar piedras al otro lado de la tumba
o en sentarse en el borde de ésta balanceando las piernas,
pero no lloro, hace un momento que no lloro,
hace eones y eones.
*
 
 

EN ROUTE

 

Sola en Siena, compré una botella de elixir,
Elisire di S. Caterina.
La basílica estaba cerrando, aunque las luces *
aún brillaban en la capilla lateral,
la capilla de mármol donde está la cabeza de Catalina,
momificada, dentro de una caja festoneada,
detrás de una reja, bajo llave,
lejos de su cuerpo aún enterrado en Roma.
Permanecí allí de pie unos pocos minutos.
tratando de entender. ¿Era ella arte o realidad?
Cerca de mí, un hombre se pasaba los dedos
por el cabello. Respirando.
Compuesto orgánico volátil mal iluminado
junto al relicario dorado.
Parecía el momento apropiado para tomar decisiones.
Paciencia, urgencia, perdón, aceptación.
Los elixires deben guardarse en relojes.
Hecho de bergamota y vapores,
éste se esparce furtivamente por el amanecer
y quema cuando lo bebo como si fuera aguardiente.
 
 
* La autora se refiere a la basílica de San Domenico, donde se encuentra la cabeza de santa Catalina de Siena, muerta en 1939 como consecuencia, se dice, de un riguroso ayuno. Los ciudadanos de Siena deseaban que sus restos volvieran a su ciudad, pero ante la negativa de las autoridades romanas, algunos fieles se hicieron con la cabeza de la santa y la guardaron en una bolsa. Según la leyenda, cuando los guardias les exigieron ver el contenido de aquélla, sólo encontraron un cúmulo de pétalos de rosas. Según otra leyenda, los padres de Catalina se negaban a que ésta tomara los hábitos, pero cambiaron de parecer cuando vieron que una paloma se posaba en la cabeza de su hija.
(N. del T.)
*
 
 
 

ALTAR EN LA SALA

 

A excepción de la camisa que sacaron del océano,
a excepción de sus propias manos, que siguen doblando la camisa,
a excepción de su propio cuerpo, que una vez sostuvo otros cuerpos,
mi hermana quiere recuperarlo todo–
Si hubiera un dios capaz de salir de caparazones vacíos
arrastrados por las olas hasta la orilla
reparar el daño–
Si el océano guardado en un frasco
pudiera convertirse en sal–
Ella está oyendo cosas:
Un pájaro llamando a otro pájaro,
el gato al otro lado de la puerta,
las espinas de la zarzamora en el enrejado.
 
 
 
En: https://lanausea.art/.../el-rincon-del-traductor.../...
 

(Fuente: Alicia Silva Rey) 

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