La copa de cristal
Me entusiasman los poemas cronometrados,
cajas chinas de la métrica, enunciación más que enunciado,
valor más que sentido, ritmo más que signo.
Me entusiasma escribirlos procrearlos.
Pero no logro hacer un pueblo de esa casa.
La morada del lector de poesía trasciende las categorías
antedichas y no hay un modo único de significar.
Y, por otra parte, no todos los poemas que persiguen su métrica
como prioridad escalan, de la poesía, su primicia o desbordan
los sentidos o trascienden la carne viva del ritmo.
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