viernes, 30 de enero de 2026

Francisco Layna Ranz (Madrid, España, 1958)

 

 

Puede ser una imagen en blanco y negro de una o varias personas 

 

 

UN HOMBRE VIVO ES EL MEJOR DE LOS ANIMALES

 

Un hombre vivo es el mejor de los animales. Muerto, es mejor que su cuerpo cualquier animal vivo.
Juan de Zabaleta, por eso decía hace poco que me hubiera gustado.
Luego continúa: ponerme a contar los defectos de un cuerpo muerto es tomar una ocupación que me durará más que la vida, por larga que sea.
Eso decía en sus Errores, por ejemplo nuestro afán por la permanencia. Aunque ninguno tan nefasto como la idea de pecado. Desde entonces la elección es el futuro de las almas.
Pisas en falso, y la eternidad es el castigo.
¿Por qué toda una vida, además longeva, para contar la podre de un cuerpo? Aunque Zabaleta hablaba de defectos. Pensaría tal vez en los defectos del polvo somos.
Algo tiene que haber si es señal de imperfección: la mota imperfecta de lo que fuimos.
¿Para qué quiero yo, sinceramente, que mi hija me recuerde?
No hay mayor lastre que la memoria. Ni siquiera el olvido en su auxilio: no se puede olvidar ni la nada ni el nadie.
 
Pensemos en estas lápidas abandonadas porque los descendientes todos murieron.
No son más notables en el camposanto que cualquier piedra de cuarzo.
El musgo es justo y acaba con las leyendas.
Así es, y nadie podrá negarme que el cincel no es válido en el estuario.
Hablaba de cualquier animal vivo, las lombrices también. Sólo las usamos como cebo. De niños teníamos a causa del azúcar, decían los que sabían de esto. Con un paño empapado en aceite la abuela hacía que salieran. Blancas y limpias.
Todo animal, incluso el más pequeño, nace de su propia semilla. Ya sabemos que Pasteur probó la falsedad de la generación espontánea.
A tenor de lo vivido, afirmo que el enunciado “yo fui” no tiene sentido alguno.
Tampoco “yo soy” significa sin un referente inmediato. Indistinto y frágil, además: la humanidad entera se reconocería en él. 
 
Concluyo: todas las lombrices son la misma. De modo similar, el olvido.
¿Yo fui antes de que tú leyeras?
.....


(Fuente: Daniel Freidemberg)

 

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