EL EMPECINADO
En la noche serena tose un niño.
En la noche callada llora un perro.
En la noche desierta te persigo
hasta que caigo muerto.
LA CANTANTE
Todos los días ella cantaba
los sueños de sus noches.
Los había muy bellos,
los había muy feos.
Después lloraba para compensar.
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en "La piedra movediza", Ediciones del Mediodía, Buenos Aires, 1968.
(Fuente: Jonio González)
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