Hablar en lenguas: una carta a escritoras tercermundistas (fragmentos)
¿Quién nos dio el permiso de realizar el acto de escribir? ¿Por qué será que el escribir se siente tan innatural para mí?
¿Quién soy yo, una pobre Chicanita del campo, que piensa que puede escribir?
¿Qué
tenemos para contribuir, para dar? (…) ¿Acaso no nos dice nuestra
clase, nuestra cultura, tanto como el hombre blanco que el escribir no
es para mujeres tal como nosotras?
Olvídate
del “cuarto propio” –escribe en la cocina, enciérrate en el baño.
Escribe en el autobús o mientras haces fila en el Departamento de
Beneficio Social o en el trabajo durante la comida, entre dormir y estar
despierta. Yo escribo hasta sentada en el excusado. No hay tiempos
extendidos con la máquina de escribir a menos que seas rica o tengas un
patrocinador (puede ser que ni tengas una máquina de escribir). Mientas
lavas los pisos o la ropa escucha las palabras cantando en tu cuerpo.
Cuando estés deprimida, enojada, herida, cuando la compasión y el amor
te posean. Cuando no puedas hacer nada más que escribir.
Escribir
es peligroso porque tenemos miedo de lo que la escritura revela: los
temores, los corajes, la fuerza de una mujer bajo una opresión triple o
cuádruple. Pero en ese mero acto se encuentra nuestra supervivencia
porque una mujer que escribe tiene poder. Y a una mujer de poder se le
teme.
Yo digo mujer mágica,
vacíate a ti misma. Estrújate hasta percibir maneras nuevas de ver,
estruja a tus lectores hasta lo mismo. Para el chirrido en su cabeza. Tu
piel debe ser lo suficientemente sensible para el beso más ligero y lo
suficientemente gruesa para evitar las burlas. Si le vas a escupir en el
ojo al mundo, asegúrate de que llevas la espalda contra el viento.
Escribe de lo que más nos une a la vida, la
sensación
del cuerpo, las imágenes vistas, la extensión de la psique tranquila:
momentos de alta intensidad, su movimiento, sonidos, pensamientos. Aunque pasamos hambre no somos pobres en experiencias.
Escribe
con tus ojos de pintor, con oídos de músico, con pies de danzantes. Tú
eres la profeta con pluma y antorcha. Escribe con lengua de fuego. No
dejes que la pluma te destierre de ti misma. No dejes que la tinta se
coagule en el bolígrafo. No dejes que el censor apague las chispa, ni
que las mordazas te callen la voz. Pon tu mierda en el papel.
No estamos reconciliadas con los opresores que afilan su gemido con
nuestro lamento. No estamos reconciliadas. Busca la musa dentro de ti
misma. La voz que se encuentra en-terrada debajo de ti, desentiérrala.
No seas falsa con ella, ni trates de venderla por un aplauso, ni para
que se te publique tu nombre.
Amor,
Gloria.
(Fuente: Emma Gunst)
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