Canto nuevo
¡Oh,
cuánto tiempo HORA NUESTRA
te
hemos esperado!, ¡cuánto!
Oh,
cuántas veces tendimos
el cable de nuestra
mirada limpia al futuro
y aplicamos el oído
extático
al viento,
ávidos de
distinguir
tu música en
embrión!
¡Oh, cuántas veces
el diamante de
nuestro deseo
partió el cristal
del horizonte
buscándote más allá
de la aurora!
Y
al fin te poseemos,
HORA
NUESTRA;
al
fin podremos mecerte en nuestros brazos
y escribir tu claro
nombre en nuestras frentes.
Hermanos,
he aquí, todo
cumplido;
hagamos braserillos
en el hueco de nuestras manos
para esta “LLAMA
ALARGADA”.
El horizonte es la pauta, hermanos.
Nuestros martillos,
pulidos y brillantes
como uña de mujer,
canten sobre las
columnas truncas,
sobre los frisos
rotos.
Tal un vendaval
impetuoso
borremos todos los
caminos,
arruinemos todos
los puentes,
desarraiguemos
todos los rosales;
sea todo liso como
una laguna
para trazar después
la ciudad nueva.
Tiranos del esfuerzo
nuestros brazos
levantarán esta vieja Tierra
como en una
consagración.
Un abanico de llamas
consumirá las
viejas vestiduras
y triunfaremos,
desnudos y blancos,
como las estrellas.
Lo que hemos creado
esta hora
alcanzaremos todas
las audacias;
NOSOTROS
EDIFICAREMOS
LAS PIRÁMIDES
INVERTIDAS.
(1920)
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