lunes, 14 de diciembre de 2020

José Pulido (Venezuela, 1945)

 

 

MIGUEL VON DANGEL

 
 
El sol persigue a las mujeres
hasta la puerta
de la peluquería, de la farmacia,
de la lavandería,
le muerde los zarcillos
cuando se cansa
se echa en los aparadores
y se queda con la lengua afuera en este callejón.
 
Un hombre enorme agita oleajes en su taller
y guarda el mar en frascos
toma la luz que viene de la luz
cura las bestias con el arco iris de los colibríes
sus colores germinan y cantan
como si pintara con un saxofón
de sus manos separadoras de tiempo
que podrían herrar caballos para un apocalipsis
brotan los rayos astrales del caribe
y una tenue feminidad que se persigna
 
María Lionza destila ungüentos para sus telas
la Virgen de Coromoto usa sus coronas
los guerreros muertos
reencarnan en mariposas y entran a su casa
En la puerta preguntan si ahí vive
un pintor
necesitan saber
si hace paisajes de cervecería
que se murió un caballo y quieren curarlo
buscan una figura para el altar mayor
hay bullicios de panadería
una mujer recién bañada
baja la calle cantando
 
Alguien rompe una botella contra la acera
en lo más profundo de la intimidad y de la sabiduría filosófica
nada puede superar la combinación de sudor y vellos púbicos
todo Petare, toda calleja, la dorada carne de la ciudad,
el espíritu bisutero y hermoso de la urbe
saltan como un cohete de fiesta patronal
hasta que el polvo de las muchedumbres
se torna psiquis de pintor
y cual vértigo de pigmentos ebrios
pinta de psiquis
todo lo que vibra
y la vida persevera en su carisma
de flor eterna
es el artista que se bebe la tarde como un ron
tiene en su haber
voz de espíritu
oído de materia
resignación de subespecie universal
rompe y pinta
la gloria del abismo
y se sumerge en ella
igual que un sol bañándose en la carne.
 
 
 
 
(Fuente: Luis Alejandro Contreras)

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