FOUCAULT, MICHEL
Filósofo e historiador a ver ¿a qué no adivinan?
francés cuyas obras en torno a los dispositivos
e instituciones de normalización fueron leídas
de este lado del orbe con los regímenes militares
en mente o mejor inscriptos en las coyunturas
óseas y las terminales deterioradas y nerviosas
sin alcanzar a reconocer cómo esa perspectiva
sobre un poder estatal y total (reticulado panóptico
disciplinario etc.) fue elaborada desde el seminario
de un colegio nacional anteayer imperial sostenido
por políticas públicas no paradójicamente potentes;
lo paradójico fue tal vez demorarse en los planos
arquitectónicos de Bentham y sus correspondencias
subjetivas mientras el Estado local era evacuado
sin advertir una no muy sutil diferencia cualitativa:
que acá el infante sea conducido a una escuela
donde se le corrija el hábito malsano de pretender
escribir en un pupitre normal con la mano siniestra
y efectivamente encuentre en principio un pupitre,
un cuaderno y una escuela además de, por supuesto,
el docente coercitivo y más o menos mal pago
tal vez no sea un hecho tan merecedor de desprecio.
ZAFRA
El concepto a plantear en la plenaria de Camagüey
era la relación dialéctica entre conciencia y trabajo.
Por eso antes del discurso se subió a la cortadora
y en unos días cortó cuarenta y cinco mil arrobas.
Ya era una declaración, al menos la base empírica
donde sostener unas cuarenta y cinco mil palabras.
El ministro veía en los macheteros a la vanguardia
de los pueblos oprimidos de Asia, Africa y América.
El machetero veía un cogollo, otro y después otro.
¿Cómo explicar que eso no era un cañaveral más
sino las reservas en potencia de las que dependía
la guerra contra la fuerza más grande de la historia?
Arriba sobre la máquina para revisar cómo funciona.
Mal. Lógico, si es nueva. Hay que saber por qué.
¡Son demasiadas cuchillas! Listo. Ahora otro tema.
La diferencia entre cortar para la empresa y cortar
para la revolución es que la revolución exige doble:
quiere un músculo con capacidad de abstracción.
Eso no es un surco, es la central, es purificación
y eficiencia en las calderas, divisas y tractor ruso,
diversificación e inminencia de una vida socialista.
Pero en la cooperativa las cuentas no daban bien.
Y aunque algunos se iban pensando cómo inventar
un reemplazo autóctono para los cardanes rotos
que por cuánto tiempo ya no se podrían comprar,
otros no entendían bien por qué trabajar tanto
para que llegue el día en que no se trabaje más.
(De Para un diccionario crítico de la lengua, en elaboración)
(Fuente: Vallejo & company))
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