POEMA A QUILCA CON CITAS DE PÍNDARO Y CHACHO MARTÍNEZ
𝘌𝘯 𝘓𝘪𝘮𝘢 𝘴ó𝘭𝘰 𝘢𝘮𝘢𝘯𝘦𝘤𝘦 𝘰 𝘴ó𝘭𝘰
𝘢𝘯𝘰𝘤𝘩𝘦𝘤𝘦. 𝘕𝘰 𝘦𝘴 𝘦𝘭 𝘥í𝘢.
𝘊𝘦𝘴á𝘳𝘦𝘰 𝘔𝘢𝘳𝘵í𝘯𝘦𝘻
Otra vez nos hemos reunido
en torno a una melosa mesa de "Las Rejas":
Josemári recita de memoria a Esther Allison y el chino Broyd
considera en silencio –el gauloises humeante entre sus dedos
de uñas largas –suprimirse del planeta como lo hará
20 años después en un lejano motel de Cleveland - Ohio.
De nuevo nos hemos reunido en torno a Juan
con Pancorvo recién llegado del mundo
es decir
de la carpa Grau
adónde ha ido a bailar con el grupo Guinda
y Miguel se ha quedado por allá
en busca de una chica a quien dedicarle un largo y poderoso verso
(Entre las rejas
Kilowatt ha asomado su bella cabeza de rockero andino)
Y así íbamos todos
despreciando lo que se puede
fracasando con fruición
en lo que no se puede…
Y mientras Juan nos revelaba una vez más
el verdadero origen de Hora Zero
Lucho Luyo y yo hemos considerado
que el país necesita un cambio urgente y radical
así que hemos cambiado las cervezas por el ron...
Así he visto que esa noche se acercaba peligrosamente
a la perfección
y por ello mismo la he odiado y he decidido salir del bar
(mi despedida del risueño Pocho Ríos me ha demorado un poco)
a pesar de que –como una aparición– Mary Garay
había llegado de visita
He salido de Las Rejas dejando un olor de cerveza y cigarrillos
tras de mí
con dos millones de intis aún en el bolsillo:
suficiente para comprar un Cienfuegos
y un platillo de rachi con harto rocoto molido
Y cuando cruzaba por Amargura rumbo a Mercaderes
he recordado la cita de Tertuliano –ese tatarabuelo
de los surrealistas– que Pancorvo me dijo antes de irme:
𝘾𝙧𝙞𝙨𝙩𝙤 𝙢𝙪𝙧𝙞ó 𝙚𝙣 𝙡𝙖 𝙘𝙧𝙪𝙯 𝙮 𝙧𝙚𝙨𝙪𝙘𝙞𝙩ó 𝙖𝙡 𝙩𝙚𝙧𝙘𝙚𝙧 𝙙í𝙖.
𝙇𝙤 𝙘𝙧𝙚𝙤 𝙥𝙤𝙧𝙦𝙪𝙚 𝙚𝙨 𝙞𝙢𝙥𝙤𝙨𝙞𝙗𝙡𝙚.
Y en lugar de sopesar la irracionalidad fabulosa de ese aserto
recordé un antiguo poema mío
tan antiguo como yo ahora pero entonces era joven:
Gotas de sangre sobre la vereda rota
adónde me llevan esas gotas
acaso a un rincón ominoso de esta ciudad
donde un cuerpo impregnado de su sombra
un cuerpo sin luz que no llegará a ser quien es
-cita de Píndaro modificada-
repasa hasta los últimos rincones de su vida
antes de ser cubierto con una frazada tigre
o unos periódicos amarillos
donde se puede leer si uno bien se acerca:
𝙇𝙖𝙨 𝙘𝙞𝙛𝙧𝙖𝙨 𝙢𝙖𝙘𝙧𝙤𝙚𝙘𝙤𝙣ó𝙢𝙞𝙘𝙖𝙨 𝙨𝙞𝙜𝙪𝙚𝙣 𝙖𝙡 𝙩𝙤𝙥𝙚 𝙚𝙣 𝙨𝙪 𝙖𝙨𝙘𝙚𝙣𝙨𝙤
𝙮 𝙣𝙤𝙨 𝙪𝙗𝙞𝙘𝙖𝙣 𝙚𝙣 𝙡𝙖 𝙫𝙖𝙣𝙜𝙪𝙖𝙧𝙙𝙞𝙖 𝙙𝙚 𝙡𝙤𝙨 𝙥𝙖í𝙨𝙚𝙨 𝙚𝙣 𝙙𝙚𝙨𝙖𝙧𝙧𝙤𝙡𝙡𝙤...
Y así es la poesía
muchos quieren decir lo de adentro
muy pocos buscan mostrar lo de afuera
Y así he caminado por Aldabas
y vuelto sobre mis pasos por Huérfanos
hasta que el alba
ese amigo instantáneo de la vida
como siempre llegó al final de la noche
a extenderme su mano traslúcida
y lavar mis ojos mi voz mi piel
Saliendo de Afligidos me ha encontrado el alba
rumbo a Plateros
y he legado mi botella de Cienfuegos a medio acabar
como si de una diadema se tratara
a un habitante de la noche bajo el puente Balta
alguien que me ha dicho de una manera nada pretenciosa:
alto misterio esconde la noche de Lima
pero yo los vendo a 100,000 intis ¿fumas?
Y yo le he preguntado su nombre y me ha dicho:
𝙈𝙚 𝙙𝙞𝙘𝙚𝙣 𝘾𝙝𝙞𝙧𝙞 𝙥𝙚𝙧𝙤 𝙢𝙚 𝙡𝙡𝙖𝙢𝙤 𝙀𝙨𝙩é𝙛𝙖𝙣𝙤
y la etimología de su nombre ha revelado más que mil libros sagrados
(Στεφανος: el coronado)
Y he recordado otra vez la cita de Pancorvo –por alguna razón
el rostro de Erika y Martín han cruzado por mi mente–
antes de considerar:
Sí
sólo se puede creer en lo imposible
O cambia todo o todo se difumina en humo con el viento
humo de incendios funestos y renovadores
Y antes de abordar un Chino que me acerque a mi buhardilla de Barranco
esta paráfrasis se estrelló una y otra vez contra mis paredes craneales:
Estéfano murió en la vía de Evitamiento
y resucitó en estos versos.
Lo creo
porque es imposible.
[Víctor Coral. Madrugada del 12 de julio 2025]
(Fuente: Lab De Poesía)
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