Tres poemas de “Notas de voz, soldado Yanes, rescatadas de una microtarjeta de memoria”
Cuando me desperté
una mañana después de un sueño
intranquilo
me encontré convertido
en un monstruoso
insecto.
Respiré hondo y recordé
que me había quedado dormido
con el equipo de combate
puesto.
Mi mono negro de kevlar,
mi exoesqueleto,
mi casco con sus ojos
de visión digital,
mis garras negras
afiladas.
Tal vez si sí me haya vuelto un gran insecto.
Un tipo nuevo de hormiga guerrera.
Un soldado del siglo XXI.
En nuestro ejército
todos somos iguales
y a nadie se le niega
el derecho a una muerte
noble o a una muerte.
Seas hombre /mujer /trans,
lo que quieras
siempre que aceptes ser
de los que matan juntos.
Una vez dentro del equipo
de combate tu sexo
da igual,
se cae
disuelto en el sudor.
Y dan igual tus sueños
tus querencias
tus fantasías
porque al poco
de estar
con nosotros
solo hay pesadillas.
Creo
que se me está acabando el tiempo.
Toda mi unidad la componemos veteranos
y creo haber detectado una pauta:
no gustamos,
los veteranos.
No gusta
saber lo que hemos visto
ni gusta
nuestra profesional
desconfianza
que detectan en los mensajes que cruzamos
y que sabemos que escuchan,
ni el conocimiento que acumulamos.
Nuestra obsolescencia está programada
y uno de estos días -—lo he visto antes-—
nos mandarán a una misión sin vuelta.
Tal vez
habría
que al fin
perder
el miedo
a que el miedo
nos señale
quién es
el enemigo
verdadero
(Fuente: Voces del extremo)

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