DEL BORBOLLÓN CIANÍFERO
Y LOS EPISODIOS QUE DISCURREN CON
EPÍSTOLAS BORROSAS
"...del hecho de que no hay nada..."
John Banville.
El pastito cuidadito,
aseado,
una brizna verde
no desentona con otra,
adyacente secuaz,
verdor sonoro.
Pastito pulcro, solícito,
manchado con cenizas de cigarro
y un escarbadientes.
El pastito parejito,
las puntitas niveladas
con sus compañeritas,
abonado y suspirado,
preciosura regadita al amanecer.
Insinuado, casi extinto,
el caminito de hormigas
arrasado gamexane,
sustratos nocivos orgánicos,
diezmadas las plagas,
polvillos fosfóricos, perlitas.
Si, claro,
gráciles las mariposas,
ausentes la abejas
y cantarines los coyuyos.
Restos, bazofia, despojos.
Tres platitos de telgopor,
un blíster arrugado y hueco
que informa "Clonazepam 180 mg.",
pan de salvado, migas, un pizquillo mantecoso,
hebras de jamón graso, semillas de cardamomo,
tres botellas vacías,
tres vasitos con gotitas de cerveza
que las cucarachas reverencian,
una manzana mordida
y otra sin morder,
tenedores y cuchillitos de plástico,
cómplices,
entre el pastito terciopelo.
A gajos y rocíos:
la interpolada trabazón del espacio
bajo el olor a café y chocolate,
bajo el discutido placer
que procuran y embanderan,
que tal vez emana de la cafetería QR-"Anno 1673"-,
al ras de los ligustros, a oriente,
contra la avenida furiosa de urgencias y motores,
inquilina a derritones del sol canicular.
Risueñas las sinuosas callecitas,
ataviadas de residencias paquetas,
buzones amarillos, jardines vieneses,
verjas barrocas gatitos egipcios de colección.
Canteros florecidos
en una gradación cromática
que es primor y contentura,
dehesa
en el amplio sentido metafísico
que candados vedan.
El pastito burlón horizontal,
cortado a tijera y navaja de coiffeur,
pastito cariñoso, osito peluche,
recoleto, aburrido de los bustos marmóreos:
poetas, músicos, filósofos, benefactores varios;
arriba,
la gloria azul,
los latidos empíreos,
los tilos venerables.
el jolgorio balsámico,
los pinos y fresnos,
pitucos arbolados,
admirables en cerco pío,
que los pájaros, por si acaso,
sobrevuelan, indagan y rehúyen.
El pastito retoza con los niños,
en rima consagrada a sus berrinches y turbaciones,
dentro de los niños se implanta,
apéndice de las zapatillas,
castillitos y dragones.
Vivas las albricias,
deliciosas las cucamonas,
los enamorados a los besos y chingues,
oferta y demanda,
designios eternos del amor,
aplacados los viejitos que pasean
con sus botellitas de agua chatas en sodio,
curiosas las mucamas, su refrigerio en la pausa.
Es gustazo zamparse una limonada aquí,
praliné, un helado aquí.
Y es ventura enfilar los chakras,
engordarlos virtuosos,
con esos rayos que derraman gratis desde el cosmos,
sin estorbos ni emociones neutras,
programar vacaciones, evaluar compras,
abordar un crucero,
holgar y huevear.
Aquí,
en esta sublime y sosegada natura garcilasa,
donde los perros cagan en bolsitas, mean pudorosos,
vomitan largo sus panzas repletitas
en el borde de la lagunita,
-oh pececitos rosa, oh cisnes chinchudos en S o Z,
patitos marrueco, oh hidras que todo lo chiquito devoran.
Lo tenue razonado reina aquí,
en la cegadora luz y en las penumbras,
rumoroso sutil, grato,
ángeles mensajeros aquí.
Atmósfera nítida, sencilla y franca,
graciosa la morada y apartado reposo,
histriónico,
adversativo, vea,
¿de dónde viene el olor y para qué o para quien?
Del regocijo del aire dicen algunos,
del Kaffee und Kakaobaum que nunca faltaron aquí, dicen otros,
de la historia, mascullan sagaces estotros, profanadores de tumbas.
No me tiren con claveles, diría Ordóñez,
y lo cagaban las gallinas.
En derredor de estas exóticas palmeritas,
que Humboldt alabó y Nietzsche cesó de frutos,
el olor hace como que nace,
subyace, se difunde,
de repente huele fuerte,
se internacionaliza, convoya,
apunta en decadencia, en apretazón torácica,
se pierde privado, se apaga pokemón.
Aquí,
socarrones los pastitos, pechito afuera,
pintiparados.
Sin embargo, vea,
aquí,
fue el quemadero de cadáveres no siempre muertos,
aquí ardió lo tenebroso y celebrado de las guerras.
Aquí,
en este esmeradísimo fraccionamiento muy verde municipal,
aplastado antaño por botas, culatas y mordazas,
pisoteados el robusto pasto silvestre, el yuyaje,
los huevitos escarabajos.
Aquí, las víctimas desesperadas,
las inocentes y las otras,
arrodilladas o de nariz al suelo,
dignas en el espanto,
gimoteando la negada clemencia
a los verdugos,
a los ventrílocuos y chirolitas del poder.
Aquí,
en Köln, Deutschland, 12 de junio, 1986.
A mediodía y media vida,
fetal penoso yo,
yo de nada y para nada,
desde el Mülheim Brücke,
bolsillo seco, sin boleto de regreso ni pasaporte,
enlutado aquí el cartel:
"ALLE 2 MINUTEN. IRGENDWO AUF DER WELT.
LUFTHANSA"
Y aquí
estuvo y está mi viejo,
cuando mi viejo no era mi viejo,
y sólo era un taciturno colimba
cargado a chicotazos en un tren desgraciado,
rumbo al caucho, los horrores,
los fierros nucones, el trabajo esclavo.
Una locomotora dobla justo allí, ribera sur,
en esa curva pegadita paralela
a la curva grande del Rin
que se bifurca boscoso y desorienta.
"N° 4711. ECHT KÖLNISCH WASSER"
Aquí,
meterete y meteorizado:
¿Un turista cualunque del "Arbeit macht frei"?
¿Un pinche llorón de holocaustos?
¿Un pinche ponche de hologramas?
¿De pancartas que se ajan con la lluvia?
¿Canijo de lo macabro,
gorrito, remera pinche,
bloqueador solar 60,
selfies, álbum de huevadas?
Mejor cierro el pico,
amogosado.
Y como en otras latitudes del vasto mundo,
y tan pigmeo,
se deshicieron y calcinaron cueros cabelludos,
ojos de vidrio, lípidos saturados,
linfas, babas, anteojos,
aquí y allende,
humazón de pierna abdominal,
como si nada ocurriera
y sucedió, y sucederá.
Aquí,
sobre el este prado artificioso
libre de gluten y azúcares dañinos,
dos negritos, un turco,
un búlgaro morado,
un rubiezoide uzbeco,
y un par de asiáticas,
idóneos en decoración,
paisajismo y montaje,
se turnan y trabajan,
cresta del gallo capataz,
obedientes y rencorosos,
en el Orbi et Urbi
de la migración, las masacres y desastres,
pero ese es otro mambo
que no se cuenta
por razones humanitarias
y las muy veras.
El silencio aligera la mente
y da rienda al plácido sueño,
Héctor Giuliano
- Inédito -.
Final de "Los cinco y un cuartetos y el caso leguleyo"
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