jueves, 13 de enero de 2022

Santiago Espel (Buenos Aires, 1960)

 

Nuevas notas sobre poesía


2
Lo hago sin remordimiento: negar tres veces el poema, antes de dejarlo decirse a sus anchas: bautismal, pecaminoso, impenitente.
7
¿Qué es esta bravuconada de avanzar, de insistir, con más dudas que certezas, y escribir, una vez más, y desvergonzadamente, aquello que no podemos nombrar ni decir?
12
La poesía tiene una delicada piel que se eriza ante el mínimo contacto con el ojo del lector.
22
Lo irremediable, lo único, es el poema no escrito.
47
El palabrerío es la usura que le cobra el lenguaje a la poesía.
52
Todo texto crece de la resta; todo verso vive a partir de la poda.
58
No hay más que leer discursos, encíclicas diversas, balbuceos letrados, voces profesionales, y jergas de escritorio, para convencerse de que en la poesía anida fatal e inevitablemente la semilla del lenguaje. La poesía es el silo, la reserva de la lengua, su lugar de ahorro. El resto, es dispendio.
72
No creo en la poesía que nace de lo estático, que se nutre de lo inerte. El poema es una consecuencia del movimiento. Un rebote. No hay poema sin caminata, sin deriva. No hay poema sin precalentamiento previo.
89
El poeta no se pone en puntas de pie. El poema no levanta la voz. La poesía no gesticula.
99
Hay una estética del morbo que comparten el espectador y el lector: el rigor mortis. El cazador, que se afana en la eficacia de sus perdigones y ensalza el espectáculo del conejo retorcido tras su último suspiro; y el lector, avieso y pasivo, que discierne con malicia en el método del poema malogrado por los aficionados, o por los prematuramente consagrados.
122
Un verso no cambia de sentido si el sujeto es una mosca, una abeja, o una libélula. Un verso cambia de sentido cuando el verbo pone en acción lo que cada uno de esos insectos acomete.
137
Voy hace muchos años a los mismos bares del barrio, a los pocos que han sobrevivido al cierre o a las siniestras remodelaciones de rigor. Leo, escribo algo, y miro por las ventanas. Dejo siempre una bellota de propina.
151
Escribo gacela. Pero también soy capaz de escribir degüello. Entonces el poema es posible.
154
La poesía y la taxidermia tienen estrecha relación: disecamos cuerpos y poemas, y los maquillamos sin pudor para destinarlos a las vitrinas de los museos. En ese morbo hay una estética compartida.
167
Ninguna cabeza se enciende sin haber sido frotada.
174
En un mundo que ha diseñado un sistema de acumulación compulsivo, la poesía procede por sustracción.
180
Nada más ajeno a la poesía que la divulgación, la formulación de una ética, un modelo, o el minucioso instructivo de un método. Sin embargo, el pequeño comercio que impone el circuito de la poesía, que no excluye el de las vanidades, admite también el soborno, la calumnia, y el sabotaje. En tanto, mediante afanosas apelaciones al lector, el poema se declara inocente, puja, y berrea como un recién nacido.
184
Se empieza a escribir en serio, cuando el lenguaje deja de ser un ábaco de signos y de sentido, y pasa a ser un engranaje de intuiciones absolutamente imprescindibles.
197
Como último y desesperado recurso, ante lo inminente, boqueando, y ya en el plano de la superstición y de la misericordia, a regañadientes, llevo el poema de urgencia a una manicura.
221
En cualquier momento del día, sin importar la hora o el momento, con sigilo, arisco, el poema se me acerca, y después de un rodeo desconfiado y un tímido reconocimiento, me lame la mano. Cuando lo acaricio y trato de ponerlo en palabras, aterrorizado, me mira y desaparece.
 
 
 
 En  “Nuevas notas sobre poesía” (Ediciones La Carta de Oliver, 2021),
 
 
 
(Fuente: César Cantoni)

 

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