ME ENCUENTRO MIRANDO SIN CESAR
Veo que no dejo de mirar el móvil.
Me gustaría, en realidad, pulsar Leer,
y que allí saliese Te echo de menos.
Veo que me hundo cada vez más
en el pasado que tira de mí.
Para volver a yacer en el heno que había en
el desván del establo. Cuando el chico vecino
me tocó la entrepierna por primera vez. En
realidad, fingía que no lo hacía, lo fingíamos
los dos. Se me echó encima, así, vestido, y sentía
su peso, sus jadeos. Tantas veces nos llamaba
aquel lugar, justo encima de los puercos
chillando. O a lo mejor no lo hacían, y el establo
estaba ya vacío por entonces. En mis recuerdos
ha perdido importancia. Nuestros leves
movimientos se han superpuesto a todo
lo demás. Era verano y hacía calor, y sudábamos.
Nos quitamos la camiseta y nos desabrochamos,
uno al otro, el pantalón. Cuán ávidas
buscaban las manos y cuán punzante era el heno.
No me atrevo a evocar las escenas, pero se
enhebran solas, humedad, el olor de los sexos.
Cuando entro en bares de gays, todo me
resulta ajeno, no hay muchachos vecinos,
ni heno, ni nadie me echa de menos. Me veo
buscando siempre, en realidad, la tecla de
Apagar.
(Fuente: La parada poética)
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