sábado, 12 de septiembre de 2026

Roberto Cignoni (Buenos Aires, 1953)

 

 

Imagen de Roberto Cignoni: Escribir sobre lo que no se podía hablar ... 

 

 

NERVADURAS EN UNA HOJA CAÍDA (2)

 

Una vez, al conversar, nuestra palabra se hizo tan sabia que nos volvió silencio.
 
***
Sin presentarse, el mundo se hace todo en mí. Y yo, sin presentarme, me hago todo en el mundo. Así nos hacemos todo el mundo y yo: sin presentarnos
 
***
¿Por qué querría el agua volverse fluida, o el fuego ardiente? Pero el hombre quiere más: quiere volverse humano.
 
***
 
Cuanto más crees saber más ignoras, puesto que ignoras no por lo que no sabes, sino por lo que crees saber.
 
***
Después de escalar la montaña y conquistar su cima, no has sabido descender hasta ti mismo.
 
***
Un instante, todo nacimiento y todo muerte. Y una suma de instantes, apenas una vida.
 
***
Queremos afirmar que Dios existe, o que no. Y si Dios existe, o no, no guarda importancia alguna, porque sólo queremos que exista una afirmación.
 
***
Lo hondo de mí, no lo sabes por mí, sino por lo hondo de ti.
 
***
Le pregunté al sauce acerca de Dios, y movió sus hojas bajo la brisa tenue; le pregunté al mirlo, y no se apartó de su vuelo; y al preguntarle al mar, volvió a agitar su oleaje contra las piedras. Y gracias al sauce, al mirlo y al mar, nunca he sabido tanto acerca de Dios.
 
***
La cosa, cuando aparece quiero nombrarla, y cuando la nombro es sólo la cosa del nombre. ¿Es que es una cosa, que así nombrada es sólo cosa en el nombre?
 
***
Piensas una y otra vez en aquello que hubieras debido o podido hacer. Eso es todo lo que haces.
 
***
Vivimos cien años y la mariposa un día. Pero si viviésemos un día y la mariposa cien años, nuestro decir sería un aletear y su aletear un sentido.
 
***
Mientras estoy solo de todas las cosas, solo hasta de mí mismo , me reúno con todas las cosas sin mí ni las cosas.
 
***
Llevo sobre un hombro a un niño y sobre el otro a un anciano. Y en el medio mi cabeza llora.
 
***
En el nacimiento está la muerte. El que los separa pierde la vida.
 
***
Me das todo, y mi pobreza es total.
 
***
Por haber perdido la distancia entre uno y otro: por eso nos hemos separado.
 
***
Ante las cosas, se busca aquella cosa que les dé sentido. ¿Pero qué sentido puede tener una cosa que dé sentido a las cosas? Sólo las cosas por las que se busca aquello que les dé sentido.
 
***
Creemos que el Sol e Inti son la misma cosa expresada de modo diferente. Pero uno ilumina con la ciencia y el otro con la divinidad.
 
***
Démosle las gracias a quien pasa junto a nosotros sin reverenciarnos. Él no nos enseña su vergüenza, ni descubre
la nuestra.
 
***
Abrazo a la vida en la angustia de la vida y a la muerte en la angustia de la muerte. Porque no puedo soportar la angustia de abrazar a la muerte en la angustia de la vida y a la vida en la angustia de la muerte.



(Fuente: Daniel Gayoso)
 

León Guerrero ( Tegucigalpa, Honduras, 1999 )

 

 

 Puede ser una imagen de bufanda




ARCHIPIÉLAGO DE ESCARCHA 

 

Una víbora nos guía entre las sombras rocosas de una playa.
El mar salpica con hocicos de marlín que desgarran la niebla,
baile de esgrimistas que corta pensamientos con gélidas embestidas.
El cielo es negro y vacío como una casa sagrada;
un aire voraz congela las moscas a mitad de su vuelo.
Nuestro contrabandista prometió calor.
Cuando entramos en la embarcación,
descubrimos que los dientes del frío están más afilados
en la sombra que en el viento.
La ausencia late en mis venas:
la de la sonrisa luna de mi primo,
la de las notas doradas de los álbumes de jazz de mi tío.
La soledad me abraza entre doscientos cuerpos trenzados,
suspendidos entre la memoria y el horizonte.
 
 
 

VOLVER A NACER

 

"Los desnudos también dicen que el agua no tiene pelos de donde agarrarse"
—Fitzcarraldo (1982)
 
 
La embarcación nos contiene,
fetos revolcantes en el vientre de su madre.
Dormir aquí es como intentar descansar
sobre un dado de casino,
balbucea una voz que se quiebra cual cristal.
Afuera, la sala de parto rebosa
mientras rayos impactan el estribor.
La furia del mar arranca la lógica del horizonte;
el suelo es líquido, el techo salado,
y el cuerpo no sabe a qué aferrarse.
Bolsas con nuestras pertenencias
salen disparadas por la borda,
documentos hechos peces
que jamás llegarán a la aduana.
Ya no hay arriba,
solo el peso del océano
empujando desde todas partes.
Cuando la tormenta cede,
muchos duermen en el fondo.
Los demás flotamos en silencio;
desnudos de pasado, vestidos de futuro.
Morimos bajo las olas
y nacimos sobre ellas.
 
 
 

MAPA DE REGRESO 

 

Quince años desde que me separé.
Al bajar del avión, una entrada
que no me atrevo a cruzar.
Mi cuerpo aún conserva lo que mi mente olvidó:
brazos que caen en el peso del aire húmedo;
oídos que se pueblan con palabras de mi primera lengua.
La voz de mi primo me pregunta cómo llegué.
Ha envejecido demasiado
desde que partí.
No sé qué responderle,
no sé si la vida que dejé aún me espera
o si se hundió, puerto tragado por la marea.
La niña que fui seguro me aguarda
con reproches en los labios
por su inocencia que perdí.
Mi mano tiembla en la manilla.
Escruto sobre mi hombro
si el puente de embarque todavía puede salvarme.
Me confunde pensar
que no temblé frente a un asesino
y ahora me estremezco frente a un portón.
Pero este miedo,
cuyo sabor es de pérdida y desarraigo,
no está cartografiado en mis reflejos de barrio.
Mi piel me sigue marcando como de aquí.
El pestillo cede cuando lo empujo para descubrir
el abismo de mi pasado.
Un silencio poblado de fantasmas
arremete — espada afilada
que hace sangrar mis oídos.
Luego, conversaciones interrumpidas hace tres lustros,
preguntas que el eco devuelve intactas,
nombres que encerré en mi boca para no sentir su ausencia.
Me volteo y huyo hacia la zona de salidas.
Le grito al personal que no me deje aquí, y corro mientras me tropiezo
entre primos, madres y tías que se multiplican en mi visión.
Apago mi teléfono que aporrea
y lloro igual que un turista extraviado
con ganas de volver a casa.
 
***************
Fuente: Revista Giros
 

(Fuente: Oscar Vicente Conde) 

Philip Larkin (Coventry, 9 de agosto de 1922-Hull, 2 de diciembre de 1985)

 

 

 

 

 

Albada

 

 
Trabajo todo el día y por la noche me emborracho.
La madrugada me despierta con muda oscuridad.
Pronto entrará la luz por la cortina del cuarto.
Hasta entonces, observo lo que no deja de estar:
la muerte indócil, cada día más próxima, vuelve
inútil cualquier otro pensamiento urgente
excepto el final y su hora.
Árido interrogatorio y, sin embargo, el miedo
de morir, y de estar muerto,
parpadea otra vez, aprieta y me sofoca.
 
La mente resplandece en blanco. No hay culpa
por el bien no hecho, el amor no dado, el tiempo
que se arranca; ni desconsuelo, pues no hay duda
de que una vida no basta para un escape lento
de los malos inicios y eso quizá nunca pase.
Nos aguarda la extinción al final del viaje
hacia el fondo de un total abismo eterno
para engullirnos siempre. No estar aquí,
no estar en ningún lugar, y, de repente,
nada más terrible, nada más certero.
 
Es una forma especial de tener miedo
que ningún truco disipa. La religión lo intentaba.
Este vasto brocado musical, de polillas alimento,
creado para pretender que nada nos mataba
y aquellos sofismas secos: No hay ser racional
que tema algo que no va a sentir, sin adivinar
lo peor: se van la vista y el ruido,
no hay tacto o gusto u olfato, nada con que pensar,
nadie a quien amar, nadie con quien conectar,
una anestesia de la que no se sale vivo.
 
Y permanece ahí, al filo de la mirada,
el pequeño borrón sin bordes, un frío animal
que alenta cada impulso y lo vuelve suspicacia.
Casi ninguna cosa sucede: ésta lo hará
y tal realización nos abrasa
en un horno de horror cuando nos halla
sin compañía o alcohol. No sirve ser valiente:
calmar al otro y enfrentar lo que asusta
no sacará a nadie de la tumba.
Ningún quejido o quiebre detendrá la muerte.
 
La luz se aviva y el cuarto toma forma.
Claro como grietas en el muro, lo que sabemos,
lo que sabremos y, aunque no hay escapatoria,
no podemos aceptarlo. De algún modo decidiremos.
Los teléfonos, agazapados, se alistan para sonar
en oficinas cerradas, y comienza a despertar
el mundo indiferente, en renta. Se desgasta
cual arcilla el cielo blanco.
No hay sol. Es hora del trabajo.
Los carteros, como doctores, van de casa en casa.
 
 
 

Aubade

 

I work all day, and get half-drunk at night.
Waking at four to soundless dark, I stare.
In time the curtain-edges will grow light.
Till then I see what’s really always there:
Unresting death, a whole day nearer now,
Making all thought impossible but how
And where and when I shall myself die.
Arid interrogation: yet the dread
Of dying, and being dead,
Flashes afresh to hold and horrify.
The mind blanks at the glare. Not in remorse
—The good not done, the love not given, time
Torn off unused—nor wretchedly because
An only life can take so long to climb
Clear of its wrong beginnings, and may never;
But at the total emptiness for ever,
The sure extinction that we travel to
And shall be lost in always. Not to be here,
Not to be anywhere,
And soon; nothing more terrible, nothing more true.
This is a special way of being afraid
No trick dispels. Religion used to try,
That vast moth-eaten musical brocade
Created to pretend we never die,
And specious stuff that says No rational being
Can fear a thing it will not feel, not seeing
That this is what we fear—no sight, no sound,
No touch or taste or smell, nothing to think with,
Nothing to love or link with,
The anaesthetic from which none come round.
And so it stays just on the edge of vision,
A small unfocused blur, a standing chill
That slows each impulse down to indecision.
Most things may never happen: this one will,
And realisation of it rages out
In furnace-fear when we are caught without
People or drink. Courage is no good:
It means not scaring others. Being brave
Lets no one off the grave.
Death is no different whined at than withstood.
Slowly light strengthens, and the room takes shape.
It stands plain as a wardrobe, what we know,
Have always known, know that we can’t escape,
Yet can’t accept. One side will have to go.
Meanwhile telephones crouch, getting ready to ring
In locked-up offices, and all the uncaring
Intricate rented world begins to rouse.
The sky is white as clay, with no sun.
Work has to be done.
Postmen like doctors go from house to house.
 
 
Philip Arthur Larkin (Coventry, 9 de agosto de 1922-Hull, 2 de diciembre de 1985), conocido como Philip Larkin, fue un poeta, bibliotecario, novelista y crítico de jazz británico.
traducción Marecela Santos

 (Fuente: Adriana Hoyos)

Tatiana Oroño (San José de Mayo, Uruguay, 1947)

 

 

 

Puede ser un dibujo de texto que dice "ነሳ 州 Nibia Sabalsagaray" 

 

 

La camarada Nibia ha muerto. Y es preciso
hacerle un duelo activo de pintadas
de calles que la nombren.
De escolleras, de muros imborrables.
Hacerle un duelo claro como una sola savia.
Que paredes y esquinas
esgrimidas de cólera y ladrillo, den memoria.
Y los volantes leves.
Y las arquitecturas.
Que su querido nombre y su sustancia pura
conforten y endurezcan los pasos de la calle.
Que el fruto lacerante de su vida nos aguarde y nos una.
Que resuenen las voces una a una de todos los que viven
al calor de la sangre irreparable.
De los maquis, de los republicanos, de los héroes de pétalo
y madera del Vietnam
en cuyas voces breves
tiemblan
las palabras heridas de la selva la inexpugnable ciudadela hilada de bambú
y de metralla donde la dignidad humana fue plantada
y los frutos del bien
y la inocencia
pues la vida constante que Nibia edificaba sol a sol
puerta a puerta
perpetuaba
la digna estirpe muerta
sus escombros de piedra y pedernales.
Nibia Sabalsagaray, docente, ha muerto
detenida. Ha muerto
torturada.
Ha muerto sostenida por vértebras macizas de silencio.
Por radicales cadenas solidarias.
Por fábricas, crisoles y lagares, por usinas y máquinas.
Ha muerto sostenida por el mundo que amaba y defendía
La sostienen aún
su humanidad germinada en las cosas
feraces
de donde provenía. Su vida clara.


(Fuente: Henderson Espinosa)

Mourid Barghouti (Palestina, 1944 - Aman, Jordania, 2021)

 

 

 

 

 

INTERPRETACIONES

 

Un poeta se sienta en un café y escribe.
La anciana piensa
que está escribiendo a su madre.
La muchacha piensa
que está escribiendo a su novia.
El niño piensa
que está dibujando.
El empresario piensa
que pondera un asunto.
El turista piensa
que escribe una postal.
El empleado piensa
que calcula sus deudas.
El policía encubierto
avanza lentamente.
.....

por David Vizcaíno y Radwa Ashour.
 

(Fuente: Daniel Freidemberg) 

Hilda Doolittle (Pensilvania, EEUU, 1886 - Zurich, Suiza, 1961)

 

 

 

 

 

EVADNE

 

Primero probé bajo los labios de Apolo,
amor y dulzura del amor,
yo, Evadne;
mi cabello está hecho de violetas frescas,
o jacintos que el viento peina hacia atrás
sobre las rocas de los bajíos;
yo, Evadne,
fui hecha por el dios de la luz.
 
Su pelo fue fresco para mi boca,
como la flor del azafrán,
sobre mi mejilla,
frío como mastuerzo plateado
sobre la rivera de Eros;
entre mi barbilla y mi garganta,
su boca deslizándose una y otra vez.
 
Aún entre mi brazo y mi hombro,
siento la brocha de su cabello,
y mis manos conservan el oro que tomaron,
mientras vagan una y otra vez,
esa gran mano llena de flores amarillas.
 
 
 

ROSA DE MAR

 

Rosa, áspera rosa,
dañada y con pocos pétalos,
magra flor, delgada,
escasa de hojas,
 
más hermosa
que una rosa húmeda
sola sobre un tallo—
estás atrapada a la deriva.
 
Atrofiada, con hojas pequeñas,
estás arrojada en la arena,
estás alzada
en la fresca arena
que lleva el viento.
 
¿Podrá la aromática rosa
verter tal punzante fragancia
endurecida en una hoja?
 
 
 

LOS MISTERIOS PERMANECEN

 

Los misterios permanecen,
mantengo el mismo
ciclo de la siembra
y del sol y la lluvia;
Deméter en la hierba,
yo multiplico,
renuevo y bendigo
Baco en la vid;
mantengo la ley,
conservo los genuinos misterios,
los primeros de estos
en nombrar a los vivos, muertos;
yo soy el pan y el vino.
Conservo la ley,
mantengo los genuinos misterios,
yo soy la vid,
las ramas, tú
y tú.

 

(Fuente: Henderson Espinosa) 

Pablo Ananía (Rosario, 1942)

 

 

 

 

 

 

𝐇𝐢𝐜𝐞 𝐡𝐚𝐛𝐥𝐚𝐫 𝐚 𝐥𝐚 𝐦𝐮𝐞𝐫𝐭𝐞

 

¡Qué no perturba la mente del poeta!
Los sofistas. Una sonrisa vacía. Una música
estridente. Un hijo. Día y noche el zumbido
de la bomba centrífuga de la planta baja.
Las películas lumpenproletarias de Pasolini,
𝑈𝑐𝑐𝑒𝑙𝑙𝑎𝑐𝑐𝑖 𝑒 𝑢𝑐𝑐𝑒𝑙𝑙𝑖𝑛𝑖 y 𝑀𝑎𝑚𝑚𝑎 𝑅𝑜𝑚𝑎.
La maternidad contradictoria. Tanta obra
sin lectores. En estos días la melancolía se
posesiona de mi mente y siento lo inútil de luchar
contra la suerte. Ese es el peso muerto de miseria
y estupidez que me legó esta época. El terror
de existir. La opereta del peronismo. Una vida
sin gramática y sin memoria, ajena a los que
murieron por nosotros. De mi cabeza ya ha
desaparecido lo mistérico, aquel impulso juvenil
de fundirme en una conexión con los dioses
de las libélulas y las plantas. El espíritu romántico
ya no respira en los libros ni está en el más allá.
Conoce nuestro vivir, quisiera formar parte de él
pero ya nada se lo consiente. La mentira se va
multiplicando sobre la mentira. Hice hablar a la
muerte. Dijo: yo reinaré por siempre sobre todo.