viernes, 11 de septiembre de 2026

Pablo Ananía (Rosario, 1942)

 

 

 

 

 

𝐏𝐫𝐮𝐞𝐛𝐚𝐬 𝐝𝐞 𝐯𝐢𝐝𝐚

 

Una casa de campo, viejos espejos. Adentro
mi padre canta la balada de los ahorcados
de Villon dándole voz a los cadáveres
imaginarios que se balancean en la cuerda
tendida afuera, entre sábanas y camisas.
 
Un caballo resopla. Llega una persona.
Le entrega a mi padre pruebas de imprenta
y más botellas de vino. En el canto él confunde
sus versos del poema Tumulto con las urracas
y cuervos de Villon: nos cavaron los ojos 
 
nos arrancaron las cejas sabrá mi cuello
lo que mi culo pesa. Nadie recuerda a Villon.
Nadie ha leído Tumulto (vaciados sus ojos).
La escena se desvanece en mi memoria.
El aire huele a tragedia invernal.
A los nombres de los desaparecidos.
 
Tal como se describe en libros antiguos
engañadores y falsificadores del lenguaje
comieron y cantaron en la casa de campo
de un poeta rosarino. Los dioses a veces
se comportan como hombres.
 

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