ENTONCES POR QUÉ NO ME RINDO
Tienes tu zarpa sobre mi cuello
contra el suelo enlodado
y amagas con clavármela
tantito y que me mueva.
Tu cargada de bestias nos rodea,
yo postrado y tú rampante
en el centro de la arena.
Sus mandíbulas rechinan furiosas.
No encontraría resquicio alguno
si intentara escapar, como si tu zarpa
no estuviera tan bien colocada
en el interruptor de mis signos vitales.
Entonces por qué no me rindo.
Como si ya hubiera muerto antes
y supiera todo lo que se siente,
como si fuera la primera vez,
como si ésta no fuera la última.
*
Foto intervenida: Peter Beard
Poesía Hermann Bellinghausen
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