𝐓𝐞𝐭𝐚𝐬
Encerrada en un cuadrado, a ojos vista
absorta, se eleva en mi mente como una
voluta de abadía que se enrolla a sí misma.
¿Niebla en septiembre? No yo: lo pregunta
el polvo. Me delata un habla cercada
por barrotes. Detrás de las palabras,
buscando, confundida por los rumores,
a ojos vista mujer, ella se eleva, no huye,
retorna: envuelta en mi red de pesca,
sin nombre. Le digo τίτθαι, tits o tetas.
Se sumerge en sí. Renoir la llamó Gabrielle,
la camisa abierta, el pelo negro, el rostro
encendido al fuego del ocre y el cinabrio.
Quien la busque hoy ha de pensar
en el movimiento siguiente de su propio
pincel. Considerar: de ventana a ventana
hay una distancia que no se resuelve
sin dominar el teorema del seno, sin saber
qué susurra el polvo, la química, el deseo.
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