Asazán
El alazán de la sangre salta, el alazán, lázaro, se lanza. Mi alazán se lanza, mírale la panza, lázaro, la panza, mi alazán sin ojos se lanza, desde una lonja vieja y arrugada, desde una lonja longeva y dorada, desde una giba, mi alazán sin ojos me aviva, mi alazán sin ojos se lanza, desde mi propia panza: mi alazán con alas de ánsar. * Para un caballo sin ojos todo es paisaje. Muy adentro todo es paisaje. Muy adentro todo es fondo. No hay finales, ni quiebres. Hay, sí, un fin rotundo. Como un tumbo. Hay una rotura de mundo. Como un solo quiebre. Hay la quebrada, desde donde mi caballo se lanza. Mi caballo sin ojos. Mi alazán con alas de ánsar. * Para el caballo que se lance desde un desfiladero para el que se lance primero hay un piso suave. Para un caballo-ave hay lo verdadero. Para el caballo que llegue primero. * Desde un desfiladero, a quien llegue primero, desde un lugar inventado o verdadero, mi caballo se lanza, lázaro, mi caballo sin ojos se lanza, un hoyo negro en su panza: otro desfiladero, para quien llegue primero. Uno más hondo, para quien llegue del fondo hasta el fondo, de su panza sin fondo, para quien llegue primero hay una caída más grande, hay lo verdadero. La panza, lázaro, mírale la panza, métete en ella: avanza, retrocede, avanza, ¡la panza, lázaro, la panza! Ábrela con una lanza antes que reviente, métete en su vientre, métete adentro, en el fondo sin fondo de su vientre sin vientre, ábrele la panza, con un cuchillo o tenedor, la panza, lázaro, métete en ella o saca de ahí todo el paisaje. * Está el límite, al final del fondo al fondo sin fondo del sentido. El fondo. El no-límite: el límite contenido en el fondo, en el fondo sin fondo del sentido, en el fondo sin fondo contenido. En el fondo, fondo y fin son, en el fondo sin fondo, contenido. * Mira cómo corre, cómo ha corrido, mi caballo, mi Cristo Equino, mira cómo va por el camino: sin camino, míralo cómo se ve volando, cómo se va volando. Míralo cómo se va cayendo, se ve cayendo. Mira con qué fe se lanza, mira como le brilla la panza, mira como desde abajo parece un pedazo, nada más un pedazo, un brazo, una mano abierta, cayendo. Mira cómo tapa el sol y es una pierna, cayendo, un dedo, mira cómo tapa el sol su pelo, mira cómo sigue galopando al vuelo. * Ya en el aire, mi caballo relincha, todavía relincha, mi caballo, cayendo y todo, todavía relincha, todavía repara, todavía se para, todavía se queja, todavía se le hincha. Y cae enseñando los dientes, feliz y libre, mostrando el delantal o diente, enseñando, sí, la dentadura, cae, a una estancia insegura, mostrando el premolar, mi caballo que no sebe volar, mi caballo-gallina, cae enseñando los dientes, enseñando la encía, mostrando las caries: la carencia. * Para un caballo sin ojos el paisaje es infinito. Repito: Para un caballo sin ojos, lázaro, no hay límites. No lo imites. Baste, lázaro, con mirar en el fondo de sus ojos sin fondo. * Imagina, lázaro, una cuadrilla de caballos, en el aire, suspendidos. Imagínalos tendidos. En vilo. Como gotas galopando, sin caer. Imagina cómo se han de ver esos caballos esparcidos. Imagina cómo se han de ver llover. * Qué fiesta cuando mi caballo se acabe de caer qué fiesta cuando reviente cuando termine en su propio vientre de llover qué fiesta cuando mi caballo termine de caer cuando reviente desde su propio vientre cuando se aviente desde su propio vientre qué fiesta cuando mi caballo se acabe de caer cuando reviente y queden esparcidos en las piedras los pedazos.
(Fuente: Ezequiel Zaidenwerg Dib)

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