𝐓𝐚𝐜𝐭𝐨
Cuanto más apartado te sientas
de la ofuscación de tu cuerpo
(hábiles en cercarte los caínes
de la mente) más podrás ver
aunque cierres los ojos, aunque
las fatigas de la boca te atormenten.
¿Es una cuestión de fe? Probable
mente. Pero la vista, el olfato, el oído,
mienten. No el tacto de la mujer
que todo tu cuerpo reconoce. Fe
y sabiduría en sus manos, capaces
de descubrir allí una oscuridad:
llámese soledad, desolación
o eternidad del pensamiento.
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