sábado, 12 de septiembre de 2026

Pablo Ananía (Rosario, 1942)

 

 

 

 

 

 

𝐇𝐢𝐜𝐞 𝐡𝐚𝐛𝐥𝐚𝐫 𝐚 𝐥𝐚 𝐦𝐮𝐞𝐫𝐭𝐞

 

¡Qué no perturba la mente del poeta!
Los sofistas. Una sonrisa vacía. Una música
estridente. Un hijo. Día y noche el zumbido
de la bomba centrífuga de la planta baja.
Las películas lumpenproletarias de Pasolini,
𝑈𝑐𝑐𝑒𝑙𝑙𝑎𝑐𝑐𝑖 𝑒 𝑢𝑐𝑐𝑒𝑙𝑙𝑖𝑛𝑖 y 𝑀𝑎𝑚𝑚𝑎 𝑅𝑜𝑚𝑎.
La maternidad contradictoria. Tanta obra
sin lectores. En estos días la melancolía se
posesiona de mi mente y siento lo inútil de luchar
contra la suerte. Ese es el peso muerto de miseria
y estupidez que me legó esta época. El terror
de existir. La opereta del peronismo. Una vida
sin gramática y sin memoria, ajena a los que
murieron por nosotros. De mi cabeza ya ha
desaparecido lo mistérico, aquel impulso juvenil
de fundirme en una conexión con los dioses
de las libélulas y las plantas. El espíritu romántico
ya no respira en los libros ni está en el más allá.
Conoce nuestro vivir, quisiera formar parte de él
pero ya nada se lo consiente. La mentira se va
multiplicando sobre la mentira. Hice hablar a la
muerte. Dijo: yo reinaré por siempre sobre todo.
 

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