miércoles, 21 de octubre de 2026

Epifanio Mejía (Colombia, 1838-1913)

 

 

Medellín visto desde el Pan de Azúcar 

 

Dedicados a mi amigo J. M. Rodríguez

 

Es una tarde apacible,

Tan fresca, limpia y serena

Cual la primera azucena

Que brotó en el bello Edén.

El sol siguiendo su curso

Muestra sus rayos brillantes

Y en su centro de diamantes

Gotas de sangre se ven.

Por los anchurosos cielos,

Vagan las celestes nubes,

Como alas de querubes

Dispersas sobre la mar,

La brisa en sus blancas alas

Va conduciendo el aroma

Que de la flor de la loma

Tomó festiva al pasar.

Mil ojos llenos de gozo

Miran un valle florido,

Por los placeres mecido,

Mecido por el amor.

Un Edén, un Paraíso,

Hermoso jirón del cielo

Que Dios arrojó a este suelo

Para alivio del dolor.

Eso eres tú, rica tierra

De Colón, flor deliciosa,

Los perfumes de esa rosa

Eso eres tú, Medellín.

Por ti entonaré mi canto;

Por ti pulsaré mi lira,

Porque mi alma no suspira

Mecida allá en tu jardín.

Por ti que guardas los goces

Más puros y verdaderos;

Por ti que arrullas luceros

Bajo el ala del placer.

Son tus hermosas mujeres

De América las estrellas;

Vírgenes, puras y bellas

Como la primer mujer.

Sus labios son las corolas

De las más fragantes rosa

Y en sus mejillas hermosas

Sólo hay tintes de pudor.

Cada cual lleva en su pecho

De caridad la azucena;

Cada cual vive serena

Bajo el árbol del honor…

De aquí de este inmenso cerro

Yo contemplo tus llanuras:

Miro tus frescas verduras

Como esmeraldas lucia.

Y en cada flor que la tierra

Brota para darte grano

Mis ojos ven un arcano,

¿Sabes cuál? –Tu porvenir-.

De aquí miro tus arroyos

Como lucientes diamantes,

Como las aguas brillantes

Que Dios le mandó al Jordán

Y ese río silencioso

Que sin detenerse rueda,

Cual blanco fajón de seda

Tendido en la inmensidad.

Me arrepiento, me arrepiento

De haber osado cantarte,

De haber querido pintarte

Sin colores ni pincel.

Bardos tienes que inspirados

Te regalarán cantares,

Te regarán de azahares

Tus campos, limpio vergel.

1857

Obras completas. Primera parte. Caldas. Corporación Universitaria Lasallista. 2009. Págs. 181-182.

 

(Fuente: La Mecánica Celeste) 

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