Delfos
no es lo que era.
Apenas
un manchón rocoso,
cipreses desflecados,
yuyales pachangos,
un kiosco
que vende huevadas
y artesanías que vienen
de Beijing,
un bar
con muebles viejos,
un resto de parroquianos
pobretones,
que hacen honores
al horrible
vino griego mezclado
con resina de coníferas,
viajeros que descarnan
sus celulares,
un rincón "histórico",
un guía
que dice "sí",
negando con la cabeza
y "no" asintiendo la mollera,
canteritos en ruinas,
homenajes cincelados
en recortes de mármol barato,
dos cabras
ataviadas
con birretes,
flores de papel,
y un collar de pergaminos,
aburridas,
superaburridas,
forzadas
a posar para los turistas
que tienen más ganas
de mudarse
a un casino,
deleitarse en casa de putas,
comprar porquerías,
cacarear su periplo europeo,
etc.
Nada después
del soso vuelo
Siracusa - Atenas.
Islas, roquerío,
ciudades, caseríos,
cultivos,
destellos blancos
y grises,
rutas flacas,
un polifemo
que no alcanza,
etc.
Nada que parezca
rozar
aquella luz
que se dijo
civilización del mundo,
como tantas otras
que se perdieron
aquí y allá,
resucitadas en manuales
y visitas escolares,
muertas en serio.
Bah, no es lo que era.
- Inédito -
No hay comentarios:
Publicar un comentario