El mar es mar
y no sabe que te da miedo.
Cuando lo escucho…
sobre todo por la noche
mientras golpea el acantilado
y saca las manos…
millares de manos
y brazos
y piernas
y hombros…
rabioso como es él
no le importa
si arranca las rocas
y veo que se retrae
y se abofetea
y obstinado,
susceptible,
pertinaz,
vuelve a salirse
y se ayuda con la cabeza
los hombros
los brazos
los pies
las rodillas
y ríe
y llora
porque quisiera espacio para desahogarse…
Yo, cuando lo escucho,
sobre todo por la noche,
como estaba contando,
no digo:
«El mar da miedo»,
sino me digo:
«El mar está haciendo el mar».
(Fuente: Jorge Montero)
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